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06 abr 'Diciembres', una mirada a una olvidada invasión

Diciembres’ se desarrolla una década después de la invasión militar estadounidense a Panamá. El estreno mundial de esta película nacional se realizará el 7 de abril en el Teatro Balboa, durante el Festival Internacional de Cine de Panamá.

Diciembres’ fue rodada en la antigua base aérea de Howard, hoy Panamá Pacífico; en Paraíso; en Santa Ana; y en El Chorrillo, a lo largo de seis intensas semanas. Diciembres’ fue rodada en la antigua base aérea de Howard, hoy Panamá Pacífico; en Paraíso; en Santa Ana; y en El Chorrillo, a lo largo de seis intensas semanas.

Diciembres’ fue rodada en la antigua base aérea de Howard, hoy Panamá Pacífico; en Paraíso; en Santa Ana; y en El Chorrillo, a lo largo de seis intensas semanas. Foto por: Cortesía

“Escarbamos elementos profundos de la invasión y su olvido: nuestro racismo y odio propio, nuestra falta de imágenes francas de nosotros mismos”, opina el difrector Enrique Castro. “Escarbamos elementos profundos de la invasión y su olvido: nuestro racismo y odio propio, nuestra falta de imágenes francas de nosotros mismos”, opina el difrector Enrique Castro.

“Escarbamos elementos profundos de la invasión y su olvido: nuestro racismo y odio propio, nuestra falta de imágenes francas de nosotros mismos”, opina el difrector Enrique Castro. Foto por: Cortesía

El punto de partida del documental istmeño Diciembres, explica su director Enrique Castro Ríos, fue aquel triste suceso ocurrido el 20 de diciembre de 1989: la Operación Causa Justa (Operation Just Cause) o “como ‘grafiteó’ algún soldado estadounidense anónimo, Operation Just ‘Cuz (Sólo porque)".

Desde el momento que ocurrió esta invasión militar, “y que la misma fue cuidadosamente representada, por no decir puesta en escena, por el Gobierno de Estados Unidos de acuerdo con sus intereses políticos específicos, he creído que nosotros debíamos plantear también nuestra memoria, nuestras experiencias, nuestros puntos de vista”.

La invasión encontró al creador nacional en el cierre del penúltimo semestre de su licenciatura en arte y semiótica en la unión americana y “convencí a un periodista del diario local el Providence Journal que viniéramos a Panamá, haciéndole yo de traductor y guía”.

Nueve días más tarde aterrizaron en la Base Aérea de Howard, hoy Panamá Pacífico, “entre docenas de helicópteros de ataque Apache, Blackhawk y Little Bird, de aviones artillados Spectre y de cargueros Galaxy. Supe que todo estaba perdido”.

Diciembres (Panamá-Colombia) se proyecta en el Festival Internacional de Cine de Panamá (IFF Panamá) el 7 de abril, a las 7:00 p.m., en el Teatro Balboa, y el 9 de abril, a las 7:30 p.m., en la sala 6 de Cinépolis, Multiplaza.

Géneros

No es amante de distinciones y fronteras entre los géneros de la ficción y el documental. “Me gusta la definición que me compartió un cineasta gaúcho en Porto Alegre (sur de Brasil), que consideraba no ficción todo aquello que no tuviera un guion cerrado, un guion de hierro. Pero tampoco lo llamaba documental. Ese mágico proceso de aprender y descubrir en el proceso, de espontaneidad, de partir sin saber a ciencia cierta a dónde nos llevará este viaje, es para mí la magia del documental y de las artes”.

Sin embargo, al llenar un formulario marca Diciembres como ficción. “Con suerte podré añadir que se trata de una ficción informada por el documental: por imágenes de archivo de video, por fotografías, por reflexiones sobre estas imágenes. Pero no podré agregar que las partes ficticias de Diciembres tienen mucho, muchísimo de mi propia historia familiar”.

“Soy terriblemente poco original en estos sentidos, plagio la vida, mi ficción emana de mis propias experiencias. Experiencias propias que apuntan a lo que realmente busco retratar en Diciembres: que lo que nos llevó a la invasión, al olvido de sus civiles muertos y a nuestro presente estancamiento, por no decir bancarrota, como proyecto nacional es nuestro rechazo a lo que realmente somos, a nuestra verdadera imagen: un pueblo de fuertes raíces indígenas y africanas, pero cuyo origen se fundamenta en el genocidio y el desplazamiento de pueblos indígenas y en la captura y esclavización de pueblos africanos. Somos herederos de esta terrible contradicción, y mientras no la confrontemos de frente, a fondo, sea por medio de la ficción o del documental, no vamos a avanzar ni a prepararnos a los inmensos retos que tenemos por delante, sobre todo los ecológicos”, agrega.

Una década

Su filme se centra en “tres sobrevivientes encontrados de la breve, pero brutal invasión militar, que son guiados 10 años después a una reconciliación íntima por la persona que perdieron en aquella terrible noche”.

Decide que sus personajes recuerden la Invasión una década después porque en diciembre de 1999 “nos encontrábamos en vísperas de la reversión del Canal a Panamá por parte de EU. Todo era celebración y fiesta, y sin embargo parecíamos haber olvidado los muchos y muy dolorosos eventos que nos habían llevado a tumbos hasta ese momento. Pretendíamos haber olvidado la invasión, ocurrida apenas 10 años y 11 días antes”.

Opina que la sociedad panameña "nunca" comprendió las causas y las consecuencias de la invasión militar. "Durante mis estudios en EEUU a lo largo de la “crisis” conocí a dos compañeros que habían servido en las fuerzas armadas de EEUU precisamente para poder financiar sus estudios y me dijeron con total precisión que cualquier ataque estadounidense que pusiera en riesgo a soldados estadounidenses estaría motivado sólo por intereses políticos, militares y económicos estadounidenses, no por “restaurar la democracia” en Panamá ni otros fake news de la época". El sector de Panamá que demandó la Invasión para una vez más no tener que resolver sus propios problemas, o no tenía conciencia de lo que sabían mis compañeros de estudios, o no le importó el que obviamente cualquier ataque implicaría la muerte de miles de personas, sobre todo civiles y negros, que vivían alrededor de la Comandancia. Estas causas y consecuencias también deben ser encaradas, no sólo el que si Noriega era un tipo malo, que lo era. Para mí la Invasión tuvo como causa y consecuencia principales el terminar de fulminar un proceso de toma de conciencia y de acciones del pueblo (y eventual y finalmente, del Estado) de una diminuta nación latinoamericana para arrebatarle de vuelta, y de manera pacífica, una parte considerable de su territorio a la potencia militar más poderosa de la época. Los EEUU de Reagan y de Bush no podía vivir con esa “humillación”, y menos de cara a un mundo en el que EEUU emergía como la única potencia global ante el colapso del bloque soviético. EEUU quería marcar territorio a nivel mundial, y lo hizo con sangre panameña.

Investigación y aportes

¿Dónde fue rodada la película y qué tiempo te tomó terminarla?

Diciembres fue rodada en la antigua base aérea de Howard, hoy Panamá Pacífico; en Paraíso; en Santa Ana; y en El Chorrillo, a lo largo de seis intensas semanas. Éstas fueron seguidas de un largo proceso de edición, tanto por los retos propios al breve rodaje de una historia tan compleja en manos de un director novato a la ficción, como por la introducción del archivo videográfico y fotográfico y etapas de falta de o retrasos en nuestro financiamiento.

¿Qué retos tuviste que enfrentar en cuanto a la puesta en escena? Lo comento por escenas de muchos actores, escenas de violencia, de armas, bombas, etc.

Gracias a organizaciones como el Movimiento Nueva Generación pudimos coordinar nuestro trabajo nocturno con docenas de extras en El Chorrillo, así como con grandes y pequeñas explosiones de pirotecnia en medio de este barrio. Lo mismo en Paraíso con numerosos fuegos controlados, para los cuales la comunidad tuvo una paciencia infinita. Pero no utilizamos salvas ni nada por el estilo para evitar confusiones que podrían haber sido muy peligrosas para nuestros extras y nuestro personal.

¿En qué medida se ha desarrollado de forma positiva o negativa el tema de la invasión desde el Estado?

Bueno, siempre es difícil hablar de “Estado” en Panamá porque tenemos un concepto muy débil de lo estatal, del Estado, del cual en realidad todas deberíamos ser parte activa, y nos regimos más por el concepto de “Gobierno” de turno, gobiernos también débiles que responden a grandes intereses económicos pero que nos permiten como electorado desligarnos de nuestras responsabilidades políticas diarias, reemplazándolas por quejas. En estos sentidos, el olvido de la Invasión es fundamental para la narrativa del Estado/gobiernos y para tantas y tantas personas que la exigieron de EU para deshacerse del mismo dictador que EEUU había colocado en el poder un puñado de años antes. Para un sector “político” la Invasión era la prueba incómoda de haber llegado al poder por los dólares y por las balas, no por los votos; para otro sector, la Invasión fue la humillación final de un proyecto político y verdaderamente estatal que en realidad se había descarrilado mucho antes tras el muy probable asesinato de Omar Torrijos, descarrilamiento que no habían sido capaces de evitar. Apenas ahora vemos gestos muy tibios de conmemoración estatal de la Invasión, banderas a media hasta acá y allá sin mayor explicación, pero salvando las enormes diferencias, nada como un Willy Brandt arrodillado.

¿Qué piensas que aporta 'Diciembres' al resto de los proyectos fílmicos nacionales que han desarrollado el tema de la invasión?

Tratamos de escarbar un poquito más los elementos profundos de la Invasión y de su olvido: nuestro racismo, nuestro odio propio, nuestra falta de imágenes francas y verdaderas de nosotros mismos, nuestro contradictorio “mejorar la raza” para emular una potencia para la cual no hemos sido más que un sitio de traspaso de naves. 

¿Qué tipo de investigación llevaste a cabo para escribir la historia?

Aparte de múltiples lecturas y el visionado de filmes sobre el tema, con el apoyo de la escuela CBFI Nuestra Señora de la Merced y de un maravilloso miembro de su personal, quien ayudó a abrir puertas y corazones a un extraño, realicé numerosas entrevistas personales, primero a lo largo y ancho de todo El Chorrillo y luego también en las numerosas barriadas de desplazados de El Chorrillo que fueron relocalizados en casas minúsculas y sitios distantes, como si de un segundo castigo se tratara. Por medio de este gran número de conversaciones con testigos presenciales de distintas edades en la noche de la Invasión pude armarme una idea de cómo la misma fue percibida por civiles atrapados en el fuego cruzado, desde niñas y niños pequeños hasta ancianas y ancianos, a lo largo de sus primeras horas en El Chorrillo.

¿Qué papel jugó en la historia las escenas reales del suceso ocurrido en 1989?

Buscamos un constante diálogo y contrapunto entre imágenes originales de ficción e imágenes de archivo (grabadas en su gran mayoría por soldados de las fuerzas armadas de EEUU); entre imágenes fijas y en movimiento; entre secuencias de “ficción” y de “documental”; entre lo personal y lo político, ciudad y selva, agua y tierra, istmo y canal.

¿Por qué algo tan básico como saber cuántos murieron no se ha podido resolver?

Es muy complicado, por no decir imposible, saberlo por una variedad de razones: por la naturaleza del ataque; por el gran número de casas de madera y la elevadísima densidad de habitantes en cada casa y en todo el barrio; por la presencia de diferentes estamentos militares y paramilitares del lado panameño, que se quitaban los uniformes para confundirse entre los civiles; y sobre todo por los intereses propios del gobierno de EEUU. Como para el atacante el número de civiles panameños muertos no tenía importancia, sino que lo importante era minimizar dicho número y aumentar el de combatientes panameños muertos, no se tomaron medidas para documentar el número de bajas civiles panameñas, como tampoco se habían tomado medidas para evitar esas muertes. No creo que ya logremos saber cuántas panameñas y panameños murieron a causa de la Invasión.

Lo que me parece imperdonable es que un ataque tan intenso y a la vez tan mal planificado (desde la perspectiva de minimizar bajas no combatientes) en un área tan densamente poblada por civiles, en el cual el simple roce de una bala trazadora contra un techo de cinc provocaba un incendio, sin mencionar los nada precisos proyectiles de artillería disparados desde dos aviones Spectre, haya sido descrito por los departamentos de Estado y de Defensa de EEUU como un “ataque quirúrgico”. Obviamente las muertes de civiles panameñas y panameños de clase trabajadora y origen afro-antillano, africano, indígena y mestizo no eran de importancia ni para el atacante, ni para un Noriega que debió haber mudado la Comandancia de las Fuerzas de Defensa de Panamá a otro lugar cuando era claro que la Invasión era inminente, para evitar bajas civiles. 

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