Fakelook, los pros y contras de las redes sociales

La comedia social ‘Fakelook’ se presenta hasta el 5 de diciembre en el teatro La Quadra. CORTESÍA

Arturo Wong conversaba un día con una amiga en torno a los pros y contras de las redes sociales cibernéticas. Les llamó poderosamente la atención cómo la forma de comunicarse ha cambiado con estos nuevos canales de entablar relaciones.

Ese compartir sobre estructuras virtuales lo condujo a escribir la pieza Fakelook, un montaje que además dirige y que se presenta hasta el 5 de diciembre en el teatro La Quadra.

Esta comedia social, producida por El Espejo Roto, sigue los pasos de una puesta en escena anterior de Arturo Wong también sobre la tecnología, Los Internautas.

Con Fakelook ha profundizado más sobre esta realidad, “aunque esto es como un monstruo que va creciendo sin control. Tengo material para dos obras más”.

Fakelook gira en torno a ocho personajes, “cuyas vidas se relacionan o están conectadas de alguna manera y que explotan o colapsan. La forma en cómo se exponen o esconden a través de una red o formatos de convivencia”.

En el proceso de creación de esta obra, se hizo miembro de 10 redes sociales. “Me registré en jueguitos de realidades virtuales, abrí cuentas de Instagram, Twitter... Investigué, hice catfishing. Fue abrumador. Como soy muy reservado, uso las redes cada vez más para trabajar y trato de no mezclar lo personal dentro de ellas”.

Cada red, dice Wong, tiene sus aciertos. “Somos nosotros los que no hemos sabido usarlas correctamente y caemos en la trampa. La proliferación de los hashtags, es un ejemplo de cuán mal estamos creando ‘etiquetas’, hasta el punto que ya se ha vuelto un lenguaje que usamos para estar in”.

Cada red tiene una intención específica. “¿Se puede jugar fútbol en una cancha de tenis? Sí, pero es una cancha de tenis. Lo mismo pasa con las redes sociales. No somos conscientes de la magnitud y sus consecuencias. La mayoría tenemos una mirada inocente de ese universo, y las redes terminan siendo esa plaza donde uno va para ver quién está, qué estamos haciendo, intercambiar pensamientos o presumir nuestro mejor traje”.

“Más allá de que esta obra sea un éxito, sin saber bien qué significa esa palabra, me gusta que mis montajes provoquen cosas y generen una dialéctica en las personas que los ven”, resalta.

Plantea que Fakelook tiene los ingredientes necesarios “para ser una apuesta genuina y diferente dentro la escena local”.

-¿Qué te lleva a pensar que este montaje en particular dará mucho de qué hablar?

-Creo que Fakelook tiene los ingredientes para ser una apuesta genuina y diferente dentro la escena local. Hace años que no producía nada propio, (Boom, Bodas de Sangre, Manual para pollos y Cerdos), y tenía muchas ganas de hacerlo. He logrado encontrar una sinergía con el elenco, y han logrado entender muy bien la propuesta, cuando uno tiene esas cosas en la sartén, puede apostar alto. Claro, la obra nunca está completa hasta que venga el público.

-¿Se puede vivir en este mundo moderno y capitalino sin estar en las redes sociales?

Sí, claro que se puede. Creer que algo es necesario para poder vivir es una locura. También depende de lo que hagas y a qué te dediques y cuánto dejas que esas cosas te afecten o no en tu vida personal. Hoy en día, todo negocio que quiera funcionar, debe tener como consigna “síguenos en nuestras redes sociales”. Pero el principio sigue siendo el mismo: ¿Qué ofreces y qué obtienes? El problema es que creamos que eso sea el mundo real o el único mundo posible para poder ser o existir.

-¿Cuál piensas que es la mejor de las redes sociales y cuál te atrae menos y por qué? 

-Ninguna es mejor que otra. En su momento cuando surgió Facebook, estaba fascinado porque había logrado encontrarme con amigos de otros lugares que no veía y cuyas cartas que envíe nunca llegaron, pero luego se tornó como los clasificados o una sección de sociales. Hay esta tendencia a pertenecer, a ser parte de una red, y cada vez seguirán saliendo más y uno cree que está compartiendo, que tus pensamientos son importantes, uno se siente parte de algo y es una forma de llenar un vacío. Hoy en día nos comunicamos con Dios a través de las redes o con los seres que ya no están con nosotros, los cumpleaños los decimos a través de un “like” o una estrellita, pero a decir verdad, es unidireccional la relación. Qué diría Lacan- no estás compartiendo nada, no son tus amigos y a nadie le importa si estás triste, decepcionado o tomándote una cerveza o un trago de vodka.

-¿Cuál es ese afán nuestro de tener la mayor cantidad de amigos o seguidores y ese afán que mis ideas o mis fotos reciban aprobación de los demás?

-Creo que tiene que ver con la necesidad de validarnos ante la mirada del otro. Es un principio humano. Las redes sociales lo han puesto sobre el tapete al servicio de todos. Desde niño lo vamos experimentando con nuestros padres, luego en el colegio, nuestras parejas, en el trabajo y los amigos. Las redes sociales son esa especie de juego virtual para sanar esa cuota. El concepto del “selfie” hoy en día. ¿Realmente tiene que ver con los teléfonos inteligentes, o es más bien con el momento en que estamos atravesando como sociedad? Las cámaras existían antes, por qué justo hoy en día, se ha vuelto una moda estar tomándonos fotos cada minuto de lo que hacemos o pensamos y publicarlo para ver cuantos likes, estrellitas o corazones obtenemos. Visto así es absurdo, y sin embargo, todos entramos en ese juego, porque no los ponen como un pastel. Nos han hecho creer que tenemos la vida al alcance de nuestras manos a través de una pantalla, pero la vida pasa de igual manera, como ha pasado antes. Me siguen, tengo amigos, soy importante, hay varios ojos que saben que existo y eso en cierta forma nos da poder, como nos los da un carro lujoso, o un artículo que podemos mostrar ante los demás. Por otro lado también han ocurrido cosas asombrosas a través de las redes sociales. Lo de Egipto es una prueba de ello y miro con optimismo lo de México, que pareciera estar tomando esa dirección, al menos eso espero.

-La internet es uno de los mayores logros en la historia de la comunicación de masas, ¿pero en qué medida estamos de verdad comunicando con nuestros semejantes? 

-Muy poco lamentablemente, de hecho creo que, no nos estamos comunicando. Creo que este exceso de conexiones, lo que está provocando es más indiferencia. El vacío persiste y las inseguridades se tapan. Temo que un día las personas no puedan mirarse a los ojos y para comunicarse lo hagan únicamente a través de un dispositivo. Es una imagen que Susan Sontag advirtió en su libro “Sobre la Fotografía”. Fakelook, plantea esa interrogante. Hoy, estamos inmerso en una serie de conceptos como “compartir” “seguidores” “amigos” en cuanto a la forma, suenan muy agradable, pero en el fondo, hay muy poco de eso. Y nos estamos creyendo el cuento. Uno puede buscar en google hasta la receta para ser feliz si quiere, y encontrarla, pero… ¿lo somos?

En el caso de ustedes, estimados lectores, ¿cuál es su red social favorita? ¿Qué representan las redes sociales en la sociedad actual?


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