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27 oct Infancia clandestina: excelente drama

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Juan es argentino, tiene 12 años y dos vidas. Cuando está en su casa usa su nombre verdadero, pero cuando está fuera de los umbrales de su hogar se llama Ernesto.

Casi todo lo que le rodea es mentira: su pasaporte, la fecha de su cumpleaños, su lugar de nacimiento, la identidad de sus padres...

Juan y sus papás salieron de su terruño obligados por una represora dictadura militar. Regresaron a la patria poco después del Campeonato Mundial de Fútbol de 1978, para tratar de derrocar a un gobierno que aniquilaba los derechos de los ciudadanos.

Más de una familia argentina experimentó una situación parecida. Una de ellas fue la de Benjamín Ávila, que a los cuatro años marchó al exilio cuando la injusticia de los militares ahogaba a su madre y a su pareja. Vivieron en Brasil, México y Cuba, donde nació su hermano menor. A inicios de 1979 todos retornaron a la Argentina. Ávila tenía siete años y su hermano nueve meses.

Para no morir, tuvo que ser otro, pues los suyos formaban parte de la guerrilla de Los Montoneros, que intentó derrocar a una dictadura que los fue eliminando de forma sistemática.

Charo, la madre de Ávila, desapareció y el hermano de este fue dado en adopción a desconocidos. De ella no supo nada más y a él lo recobró en 1984, cuando fue uno de los rescatados por las Abuelas de Plaza de Mayo. Hay más de 350 muchachos de aquella época que aún no han sido encontrados.

A los 13 años, Ávila decidió ser cineasta para contar el momento histórico del que fue uno de los tantos protagonistas. Primero lo hizo desde el documental Nietos (identidad y memoria), sobre los hijos y nietos de los desaparecidos, y después con su ópera prima de ficción: Infancia clandestina, que se estrena en Panamá y que narra la atribulada infancia de Juan, conocido como Ernesto, que volvió en secreto a la Argentina en 1979.

La triste realidad de los personajes de Infancia clandestina se narra desde la mirada infantil de Juan, quien demuestra que incluso dentro de una situación tan a límite entre la vida y la muerte hay espacio para soñar, reír y enamorarse.

El director Benjamín Ávila muestra el día a día de un colectivo de resistencia armada y lo presenta sin dogmatismo, y sí con instantes de humor, ternura, alegría y amor para paliar el terror de unos hechos que marcaron a la Argentina de la década de 1970.

Ávila no hace hincapié en la violencia física y psicológica, y cuando irremediablemente aparecen, utiliza el recurso del cómic, una manera de reafirmar que todo pasa bajo el tamiz de los ojos de un chico que no comprendía del todo lo que le está pasando a un familia.

Vuelve humanos, que no súper héroes intachables, a esos ciudadanos que fueron capaces de dar sus vidas con tal de que los tiranos cayeran, y plantea que en medio de reuniones secretas, planes sediciosos y entrenamiento militar tenían tiempo para ser padres, hijos, abuelos y tíos.

Por eso, la película es menos ideológica de lo esperado. No es sobre la guerra, aunque hay balas y granadas. Es sobre la lucha en pos de un mundo mejor.

Infancia clandestina le pregunta al espectador quién es. No condena el ayer ni pone en una cima a los integrantes de la milicia urbana, sino que incentiva el diálogo entre la audiencia.

POLÍTICA

Alrededor de 500 niños como Benjamín Ávila fueron víctimas de la dictadura militar en Argentina. Pequeños que fueron arrebatados de sus padres y dados a otros mientras que los milicos asesinaban a sus progenitores.

La búsqueda por saber quiénes son y dónde están continúa de la mano de las Abuelas de Plaza de Mayo, y el cine ha colaborado a comprender ese genocidio.

Argentina es el país del continente americano más preocupado por abrir un debate público sobre su pasado reciente, en particular los hechos ocurridos poco antes y durante el período en que mandaron los miembros de la junta militar (1976-1983).

Su cine político es de lo mejor que hay con ejemplos como Infancia clandestina, así como otros clásicos como La historia oficial (1985), La noche de los lápices (1986), Garage Olimpo (1999), Kamchatka (2002) y El secreto de sus ojos (2009), entre otras.

Benjamín Ávila escribió el guion de su película a cuatro manos con el brasileño Marcelo Müller, un proceso que se inició en 2002 y terminó en 2007. Después buscaron fondos dentro y fuera de la Argentina.

Más de un productor le negó ayuda financiera porque pensaban que Infancia clandestina era “otra película sobre la dictadura argentina”, y Ávila les decía que la historia no sería planteada desde las inquietudes de los adultos militantes, sino desde la inocencia de sus hijos.

Vio la luz cuando el director Luis Puenzo, quien pensaba que Infancia clandestina tenía lazos argumentales con su premiada La historia oficial, creyó en su proyecto. Cuando los otros productores se enteraron de que la película recibió ovaciones de pie durante el Festival de Cine de Cannes, se mordieron los labios.

¿Qué película argentina recuerdan con estima? ¿Ya vieron Infancia clandestina?

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