Maribel Verdú, de oficio, actriz

Atenta, jovial y receptiva. La actriz Maribel Verdú sabe encantar a su audiencia, ya sea a un grupo de periodistas y fotógrafos fascinados con su presencia, o cuando con estilo y propiedad seduce a los espectadores que la han visto en comedias teatrales y en dramáticas películas hechas en su España natal, México o Argentina.

Verdú, y su colega Geraldine Chaplin, han sido de las estrellas más mimadas por los medios de comunicación social que han cubierto el segundo Festival Internacional de Cine de Panamá, evento que terminó este miércoles.

Prefiere recibir a los reporteros en la terraza del hotel cinco estrellas donde reside por estos días. No quiere nada con el aire acondicionado. Las bajas temperaturas le hacen daño, se excusa.

Por eso, opta por la compañía del sol vespertino de ayer, aunque tenga que usar lentes oscuros y pedir una coca cola light con limón y mucho hielo.

COMPROMISO

Maribel Verdú, que presenta en el istmo las películas Blancanieves y Fin, comparte su preocupación por la crisis económica que azota  su país, una situación que a mediano plano no le ve solución alguna.

Le preocupa que en España haya hoy un impuesto del 21% para los espectáculos cinematográficos y escénicos, cuando el líder en esas lides era Alemania con un 7%.  “Nos están machacando”, admite preocupada.

Se siente una mujer afortunada. “Me alegra estar en el grupo que tiene trabajo en España, pero eso no significa que tenga horror ante las consecuencias de la crisis”.

Cuando este año se lleva el premio Goya (el Oscar español) por su malvada en Blancanieves, la distinción se la dedica no solo a sus seres queridos, sino también a los que han perdido sus hogares y sus ilusiones debido a la debacle financiera que golpea a España, cuyo sistema le parece injusto.

“El otro año puede que se venga un 30% de paro”, asegura.

Lamenta que los periódicos y los noticieros quieren dividir a España entre gente de izquierda y  de derecha, entre pobres y ricos.

Concibe las manifestaciones artísticas como una vía de escape para olvidar un tanto la dura realidad. “El ingenio entre los artistas se está desarrollando a unos niveles increíbles, porque no hay muchas producciones. Lo del 21% ha sido bestial”.

Aunque aclara que “la cultura y el arte son básicos, pero más básico es tener casa y tener con qué comer”.

HOLLYWOOD

Lleva casi 30 años  dedicada al negocio del cine y tiene 43 años de edad, y no le quita el sueño hacer carrera en Hollywood.

Admite que las veces que los cantos de sirena de la Meca del Cine le han querido tentar, no ha comido de esa manzana porque le ofrecen participar en proyectos carentes de ingenio.

La otra razón, no  va pasar más de cuatro meses lejos de su familia y de su patria.

Confiesa que prefirió participar en títulos iberoamericanos como Y tu mamá también (2001) y El laberinto del fauno (2006) que estar bajo las órdenes de los grandes estudios norteños.

Es que solo se apunta a un proyecto audiovisual cuando hay un guión interesante, con diálogos creíbles y personajes definidos.

Lo más cerca que ha estado de Hollywood es cuando Francis Ford Coppola la convocó para Tetro (2009, Estados Unidos). Bueno, hizo esta excepción porque se trataba del maestro de la trilogía de El Padrino.

LA VILLANA

Desde 1985, cuando debutó como actriz en la película para televisión El crimen del capitán Sánchez hasta el presente, ha laborado en más de 50 películas y en más de 15 miniseries para la pantalla chica.

Ha hecho de revolucionaria y costurera, de prostituta y cantante de boleros, pero nunca le habían ofrecido el rol de villana, hasta que Pablo Berger le brindó ese regalo que fue entrar en la piel de Encarna, una despiadada mujer que le hace la vida de cuadritos a Carmen, su hijastra, en Blancanieves.

A Verdú le gusta el riesgo. Por eso acepta el papel de inmediato. “Ah qué soy una gran mala, malísima. Estoy feliz porque siempre hago de heroína,  que la pasa fatal en la vida”, dice reída.

A Berger lo adora por su creatividad, pero sobre todo por su perseverancia, pues nunca perdió su entusiasmo de hacer muda, y en blanco y negro, una versión para adultos del conocido cuento de los hermanos Grimm.

Opina que no hay mayor diferencia entre hacer una película silente o una con sonido. Eso sí, dice que en Blancanieves  mantuvo un delicado equilibrio entre frialdad, patetismo y exageración. “Sin pasarte nunca”.

Define  Blancanieves como una película independiente, “con poquito presupuesto. Se hacían dos tomas máximo y nada más”. Esa es su línea, las producciones pequeñas y de corte social.

Entre carcajadas amenaza a Berger: que si no la vuelve a convocar para otra película,  “le dejaré de hablar. Es el tipo de director que uno quiere que siempre te tome en cuenta”, y cita otros casos como los realizadores Fernando Trueba y el fallecido Bigas Luna.

ESFUERZO

Fin es otro título diferente a los habituales en los que se apunta. Es una producción que une ciencia ficción con lo apocalíptico y el suspenso.

“Yo soy personaje de la guerra civil, de las periferias, y hacer algo como Fin me divertía y mis compañeros actores me atraían muchísimo”, destaca.

Una de las claves fue hacer muchos ensayos, pues los personajes se conocen de vieja data y eso se debe transmitir en la pantalla.

Entonces el director Jorge Torregrossa los reunía en interminables cenas y ensayos para hacerlos amigos, y lo son ahora de verdad. ¿La prueba? Recién estuvo en Nueva York visitando a algunos de ellos que integran el elenco de La vida inesperada (2014), la nueva película de este cineasta.

TEATRO

Desde hace un año y cinco meses está de gira por distintas ciudades de España con la comedia El tipo de al lado, de Katarina Mazetti.

Termina esas labores en mayo venidero y no para.

“Me gusta el teatro porque no tengo que madrugar. Es lo peor, madrugar es lo único que odio del cine”, y vuelve a reír mientras indica que la comedia la relaja, aunque debe ser de esas que pongan a pensar a la platea.

Su siguiente empleo será en Madrid. Cuando en septiembre esté en la pieza teatral Los hijos de Kennedy, de José María Pou, en la  que  será “una puta que quiere ser como Marylín Monroe”.

¿Qué películas de Maribel Verdú han visto? ¿Vieron Blancanieves o Fin?


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