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24 ago Mario Mendoza y la literatura juvenil

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El autor colombiano ahora decide apostar por algo diferente: la literatura infantil de la mano de su nueva obra: Mi extraño viaje al mundo de Shambala, que presentó en la Feria del Libro de Panamá.

¿Por qué ese giro de 180 grados en su andar creativo? Por el “deseo profundo de crear nuevos lectores, por un lado, y por el otro, la necesidad de explorar universos narrativos inéditos, distintos de una literatura urbana dura y cruda como la que he escrito hasta ahora”.

Narrar para los muchachos le exige otros tratamientos. “Hay que ser más directo, más claro y conciso. No hay que adornarse ni engolosinarse con florituras inútiles. Es maravilloso”, indica Mario Mendoza.

Cuando estaba agotado de sus propias temáticas, que “suelen ser brutales, un niño me contó una historia en un hotel colonial de Villa de Leyva, una población cercana a Bogotá. Y quedé atrapado en ella. No pude quitármela de encima hasta que no la escribí”.

Mi extraño viaje al mundo de Shambala es sobre Felipe, un  chico de 10 años, cuyos padres están a punto de divorciarse y él viaja a Villa de Leyva junto con su tío, quien debe analizar unos manuscritos encontrados en una cueva.

A través de una tumba de un convento en La Candelaria (Colombia), se puede llegar a un mundo subterráneo en el que habita desde hace siglos una antigua 

civilización.

Los más ilustres hombres de la Confederación de Agartha le tienen un mensaje urgente a un niño de 10 años: la humanidad va en franco deterioro, y el pequeño Felipe debe ayudarlos a que la sociedad sepa que el tiempo se  acaba y que debe mejorar su trato con todas las especies y con el planeta entero.

Ese es el arranque de Mi extraño viaje al mundo de Shambala, una novela que le tomó seis meses terminar al escritor y docente colombiano Mario Mendoza.

“Trabajé en ella de día y de noche. Visité los lugares donde transcurre la historia, hice trabajo de campo, busqué a una amiga ilustradora, y poco a poco fuimos armándola”, señala Mendoza, autor de novelas como La ciudad de los umbrales y Scorpio City.

“Luego conseguí un editor que es un viejo amigo mío”, explica quien tiene una sobrina que estudia música y que “nunca quise tener hijos. Como Jorge Luis Borges, le temo a las duplicaciones”.

Solo ha estado de tránsito en el Aeropuerto de Tocumén. Estar ahora en la Feria del Libro de Panamá le permite estar en un istmo desconocido por él.

“Espero que sea la primera visita de muchas”, indica emocionado quien obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Colombia por su novela La travesía del vidente y el Premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral por la pieza narrativa Satanás.

-¿En qué momento del proceso creativo decidiste que la historia de ‘Mi extraño viaje al mundo de Shambala’ daba para una saga?

-En el segundo volumen, en Cuzco, haciendo el trabajo de campo, consulté a un chamán quechua. Entonces supe que Felipe, mi héroe de 10 años, y su perro Elvis estaban vivos, vivos de verdad, y que me acompañarían por un tiempo más.

-¿Qué nos puedes adelantar de la segunda entrega ‘La Colonia de Altair’?

-Hay otros mundos posibles. Las teorías de la física contemporánea hablan de múltiples dimensiones superpuestas. Lo real es más amplio de lo que nos suelen enseñar. Allá afuera algo nos está esperando, algo extraño y maravilloso a la vez.

-¿Cuál es la función de una feria del libro?

-Multiplicar los índices de lectura, que en nuestro continente son  muy bajos. No hay democracia participativa si no hay derecho a la lectura y a la escritura. Países con analfabetismo funcional, gente que sabe leer y escribir en teoría, pero que nunca pasa por una librería y compra un libro, son países con problemas en sus políticas educativas. Y si no hay educación no hay desarrollo.

-¿Qué consejos das para que los chicos lean?

-Tener padres y maestros que amen la lectura. Dependes de alguien que te inicie correctamente, con pasión, con júbilo, con misterio. El resto se da solo.

-¿Qué le dirías a un muchacho para que deje un rato los videojuegos y lea?

-No tiene por qué dejar los videojuegos. No son excluyentes. Pueden ser universos complementarios. En ambos lados puede viajar y aprender que la realidad es múltiple, caleidoscópica.

-¿Qué destacarías de la literatura juvenil hecha en Iberoamérica y qué autores, además de ti, recomiendas leer?

-Hay muchos. Me gustan María Fernanda Heredia en Ecuador, Yolanda Reyes en Colombia, Jordi Sierra i Fabra en España, en fin… Destacaría que estos autores se han desprendido de la necesidad de ser moralistas, de educar a través de sus historias. Sencillamente, narran historias potentes para chicos, al margen de una moraleja insulsa que suele dañar la frescura de la narración.

-¿Qué piensas de fenómenos literarios como ‘El Señor de los Anillos’, ‘Harry Potter’ y ‘Crepúsculo’?

-Todo lo que ayude a la lectura está bien. Lo importante es entrar a ella. Poco a poco vas encontrando otras puertas, otros laberintos.

¿Qué novela del género juvenil recuerdas con agrado? ¿Conociste a Mario Mendoza en la Feria?

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