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24 ago Sergio Ramírez y sus cuentos de Flores oscuras

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Ese relato fue escrito cuando el autor nicaragüense era aún muy joven. Por eso, pasados los años, decidió reescribirlo para incluirlo en su nueva publicación.

Acto seguido, apareció en su mente el cuento “Adán y Eva”, que va  primero en Flores oscuras, obra editada por Alfaguara y que se presentó en la IX Feria del Libro de Panamá.

Hay elementos que tienen en común los relatos reunidos en Flores oscuras. Por ejemplo, “pertenecen a una misma atmósfera, compuesta de soledad y derrota”, destaca en exclusiva para el diario La Prensa.

La mayoría de los personajes son perdedores, “incapaces de oponerse a lo que el destino o el  poder disponen de ellos. Todos los personajes son marginales, seres oscuros que a veces relumbran frente a los focos de la atención pública, porque son víctimas o victimarios”, explica Ramírez, que además mañana sábado a las 7:00 p.m. formará parte de una mesa redonda en torno al periodismo cultural,  en el salón Boquete.

Hay una mano oculta que guía a los escritores  “para hacerlos partícipe de una atmósfera, en este caso de pesadumbre y desesperanza”.

Los protagonistas de Flores oscuras  son boxeadores, cirqueros, capitanes de meseros, viejos guerrilleros, solteronas, “hasta yo  mismo como personaje del cuento  “No me vayan a  dejar solo”, perdido en la soledad de la casa de su infancia donde ya no hay nadie”.

Estos relatos fueron escritos entre 2007 y 2012. Algunos han sido publicados antes, pero nunca en un libro. En ese sentido, opina, son cuentos inéditos.

“Anteriormente, un libro de cuentos era una recopilación de lo que un autor publicaba antes en suplementos literarios y revistas. Ahora  uno puede proponerse ir escribiendo cuentos hasta tener un libro”.

Sergio Ramírez, viejo alfarero de historias, siempre se cumple una regla de oro: solo transforma la realidad en cuentos, novelas y ensayos cuando una necesidad orgánica lo lleva a escribir un argumento que “nadie más ha contado, partiendo de la convicción de que a los demás va a interesarles”.

La singularidad de la trama es aquello que le indica el género literario que usará para transmitir sus múltiples aventuras narrativas.

“Una historia que vale la pena contar está compuesta de diferentes atractivos”, plantea.

En un cuento, “a veces es una historia que se te presenta ya cerrada, aún con el final resuelto; en una novela, una imagen deslumbrante, una frase para un diálogo. Y en un ensayo son las ideas, la ambición de aportar algo nuevo”, explica Ramírez, que cada 15 días publica en esta sección del periódico La Prensa su columna “Prosa Profana”.

Una herramienta de la que también echa mano es la crónica periodística, como hizo en su más reciente libro: Flores oscuras.

La mayoría de los cuentos de esa obra están narrados, “haciendo uso del método de escribir una crónica, como si se tratara de sucesos reales en cuyo relato hay que conservar un equilibro objetivo, dando a conocer los hechos sin inmiscuirse, para que sea el lector el que saque sus propias conclusiones”.

Ya que participa en la IX Feria del Libro de Panamá se le pide un consejo para  los lectores: ¿qué maestros del cuento latinoamericano deben adquirir?

Su lista es larga:  Horacio Quiroga, Juan Bosch, Jorge Luis Borges, Julio  Cortázar, Julio Ramón Ribeyro, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Tito Monterroso.  “Cada uno de ellos escribió al menos un cuento maestro. Y de todos se puede aprender”.

CORRECCIÓN

Una suposición, que debe aceptar por verdadera, es el norte que le indica a Sergio Ramírez que tal relato ya está preparado para que se convierta en un libro. 

Si no acata esa conjetura como cierta,  el proceso creativo no tendría fin, dice.

“Suposición o intuición. Las dudas se acaban  cuando el original se va a las manos del editor, y allí ya no hay vuelta atrás. Una vez que el  texto salió de mi poder, no vuelvo a leerlo, y lo único que hago después es responder a las preguntas que me presentan los correctores”.

Hablando de eso, ¿qué papel tiene la corrección en su proceder imaginativo?

Cuando completa una página, y aún un párrafo, “no es más que una primera intención, un borrador del borrador que luego habrá que ajustar y corregir muchas veces. La dificultad al escribir no está en la imaginación, pues uno puede tenerla muy fértil, pero hay que ver cómo se expresa a la hora de hacer uso de la herramienta del lenguaje. Entonces, contenido y estilo se traban en lucha, y tiene que vencer el estilo. Si no, no hay escritura”.

MÁS DE UN PROYECTO

Su plan como trabajador de la palabra impresa es pensar en la siguiente novela, “cuando se está a punto de terminar la que se tiene entre manos”.

Lo que le cuesta es  trabajar en varios proyectos a la vez, “necesito concentrarme en lo que estoy haciendo, no dispersarme. Lo que me ocurre a veces es que  trabajando una novela, me detengo porque no encuentro salida en lo que hago y, entonces, la guardo y me pongo a examinar otro proyecto nuevo, u otro más viejo que también había entrado en crisis en su momento. Y a lo mejor lo termino primero, y el otro deberá esperar hasta que encuentre las soluciones”.

¿Han leído este u otras obras de Sergio Ramírez?

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