Las películas sobre estudiantes y colegios tienen cierta fama negativa, y la culpa recae principalmente en la industria de Hollywood, que muchas veces presenta largometrajes industriales que retratan a los muchachos como unos perfectos idiotas.
Entre series de televisión y producciones para la pantalla grande, se han rodado más de 600 títulos en el ámbito mundial acerca de esta línea argumental, al punto que esta temática es considerada hoy una especie de subgénero cinematográfico.
Javier Ruiz Caldera tiene una notable afición por estos productos audiovisuales, y lo demuestra con creces en la divertida y encantadora Promoción fantasma (España, 2012), en la que hace un hilarante y sentido homenaje a esta clase de filmes, en particular los estrenados durante la década de 1980 en la llamada meca del cine.
“Queríamos hacer una película como las que veíamos en los años de 1980, divertida, entrañable y emotiva. Porque crecimos con ellas, porque nos encantaban y porque las echamos de menos”, opina Ruiz Caldera, de forma exclusiva para La Prensa.
Así que la idea inicial fue preguntarse a sí mismo “qué hubiese pasado si los chicos de The Breakfast Club (John Hugues, 1985), cuando estaban castigados en la biblioteca del colegio, hubiesen sufrido un accidente, un incendio, por ejemplo, y se hubiesen quedado ahí atrapados. Pues, probablemente, o así lo creemos nosotros, se hubiesen convertido en fantasmas gamberros que pululan por el instituto hasta la eternidad... Eso sí, serían unos fantasmas muy ochenteros”.
Esta producción se presentó como parte de las actividades del Festival Internacional de Cine de Panamá.
ESTRUCTURA
Modesto es un santo convertido en profesor. Y aunque aguanta todo tipo de humillaciones y tiene un compromiso con la formación de sus alumnos, lo han botado de todos los colegios de su zona por un pequeño inconveniente: desde chico ve fantasmas.
Ese defecto en el colegio Monforte es una bendición para la directora del plantel, pues están pasando acontecimientos sobrenaturales que llevarían al cierre de la escuela, y solo Modesto puede ayudar a unos fantasmas que no pueden irse de este plano hasta resolver ciertos entuertos.
Ese es un resumen de Promoción fantasma. Su director Javier Ruiz Caldera conversa sobre esta película.
¿Te contaban de chico historias de fantasmas?
Supongo que como todos los niños, las historias de fantasmas me fascinaban y atraían a la vez que me atemorizaban. Los fantasmas siempre me han gustado más en el cine que en la vida real. No creo en fantasmas, pero cuando un día vea uno me muero de miedo.
¿Qué películas de fantasmas te gustan y por qué?
De las más ligeras como El fantasma y la señora Muir (Joseph L. Mankiewicz, 1947), donde se mezcla romanticismo con fantasmas por primera vez. Los clásicos El resplandor (Stanley Kubrick, 1980) y Poltergeist (Tobe hooper, 1982) por como están rodados y las atmósferas que consiguen. O las más recientes cintas como El sexto sentido (M. Night Shyamalan, 1999) y Los otros (Alejandro Amenábar, 2001) con giros sorprendentes.
¿Cuál fue la primera escena filmada y cuál ha sido la última?
Empezamos por las secuencias del psicólogo con Modesto. Son secuencias muy divertidas, y me gustaba la idea de empezar el rodaje con risas. Las últimas secuencias son las de la biblioteca fantasma, donde se resuelve todo. Eran unas secuencias dramáticamente muy importantes y preferimos dejarlas para el final, cuando los actores ya estaban totalmente metidos en los personajes.
¿Hubo un proceso previo de ensayos?
Me gusta ensayar con los actores para que tanto ellos como yo nos vayamos conociendo. Además, son unos fantasmas adolescentes que llevan conviviendo juntos más de 20 años, y eso se tiene que notar luego en pantalla, así que los ensayos sirvieron para que los actores se hiciesen amigos, y esa confianza se refleja en la película. Luego in situ dejo la puerta abierta a nuevas ideas que puedan ir saliendo.
¿Cómo es rodar con un elenco de gente joven?
Me gusta. Están llenos de energía y entusiasmo, todo es nuevo para ellos. Fue muy agradecido, pero claro, son adolescentes, con las hormonas en plena ebullición, así que cuando había rodaje nocturno ellos sabían que tenían todo el colegio para ellos solos, y durante los descansos iban a ‘investigar’ , así que al día siguiente nos encontrábamos con las consecuencias, aulas destrozadas, y sí liaron alguna gorda.
¿Qué tal fue la relación creativa con los guionistas Cristóbal Garrido y Adolfo Valor?
Adolfo y Cristóbal se pasaron algunos viernes, después de acabar sus jornadas como guionistas televisivos, por el rodaje. Se sentaban a mi lado y yo les preguntaba qué les parecía lo que veían. No sé si por educación o por timidez, pero no decían nada, o puede que realmente todo les pareciera perfecto. Para Adolfo era su primera película, así que no podía disimular la emoción que sentía al ver las palabras que él había escrito en boca de los actores. Y luego cuando vieron la película lloraron como nenazas. Son unos sentimentales, y espero volver a trabajar con ellos algún día.
¿Qué películas le mostraste al equipo completo para explicarle lo que deseabas transmitir?
Clásicos de los años de 1980. Con los actores hablamos mucho de Breakfast Club y todas las de John Hugues, pero también de El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989) o Corazones y almas (Ron Underwood, 1993). Con el director de fotografía analizamos películas en las que el género fantástico se mezclaba con comedia, como en Los Cazafantasmas (Ivan Reitman, 1984), The Frightenners (Peter Jackson, 1996) y Ghost (Jerry Zucker, 1990), pero para mí uno de los referentes principales estéticamente siempre fue Carrie (Brian de Palma, 1976).
¿Esta película combina el cine independiente y el cine de consumo masivo?
La verdad es que no planteé nada de eso de manera premeditada. En España casi todo el cine que se hace es independiente, así que contábamos con un presupuesto mucho menor de lo deseado, aunque hicimos maravillas con el que teníamos, y cuando los estadounidenses la vieron pensaron que costaba 10 veces más. Y lo de hacer cine masivo no sé, pues es cierto que al ser comedia, con efectos especiales y con fantasmas, hay cierta aspiración comercial, pero al final lo que pensábamos cada día cuando preparábamos la película y la rodamos era en hacer la cinta que nos gustaría ver a nosotros algún día en los cines.
¿Qué películas sobre estudiantes y colegios les parece más divertida o interesante?
