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13 mar La cocinera del presidente: una historia desde la cocina presidencial

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Es particular que esta semana se dé una curiosidad cinematográfica en Panamá.

Se trata del estreno de dos producciones, de industrias equidistantes, cuyos seres centrales sean parte del personal doméstico.

Tal cual, en las salas nacionales está la producción estadounidense El mayordomo, sobre el mayordomo jefe que se dedicó por completo a velar en la Casa Blanca por el bienestar de los presidentes de la unión americana a lo largo de más de tres décadas, y la francesa La cocinera del presidente, sobre la señora encargada de complacer por más de dos años cada pedido gastronómico de un mandatario galo.

¿La sociedad debe evaluar las aventuras sexuales de sus presidentes? ¿Por qué será que los franceses enfrentan esta clase de actitudes diferentes a los estadounidenses? ¿Piensan que en Panamá el adulterio de un presidente puede afectar la estabilidad del inquilino del Palacio de las Garzas?

Resalto sus oficios porque el cine, en especial el norteño, tiene labores que adora como a los médicos, los maestros, los bomberos, y a otros los desprecia como a los abogados y a unos más ni siquiera les ofrece su repudio, sino que simplemente no ruedan producciones sobre ellos.

En ese último grupo pertenecen los jardineros, las empleadas domésticas, las mucamas...

PLATILLOS

Hay un subgénero temático en el séptimo arte llamado cocina, que abarca todos los filmes, de ficción o documentales, cuyo punto en común sean los chefs, las comidas y cualquier otro aspecto vinculado con el universo culinario.

De acuerdo a la página web especializada imdb, se han rodado 129 títulos vinculados directamente sobre esta materia.

Esta reducida cantidad va desde el cortometraje francés, mudo y en blanco y negro, Sorcellerie Culinaire (1904), del maestro Georges Méliès, en torno a un cocinero que tendrá ciertos problemas por no ser tan colaborador con sus semejantes, y Chef (Estados Unidos, 2014), sobre un experto en asuntos de fogones y pailas que se queda sin empleo de buenas a primeras y que luego se las ingenia para vender comida hecha por él desde un camión.

DEL CAMPO A LA CIUDAD

Regresemos a La cocinera del presidente, cuyo título original es Les saveurs du Palais, que se proyectó en los festivales de cine de Maine, San Sebastián, Seattle, Río de Janeiro y Leiden.

Se trata de la séptima y más reciente producción del realizador Christian Vincent, que se inició en los andares del celuloide con la comedia dramática La discreta (1990).

Esta comedia biográfica se inspira en hechos reales: Hortense Laborie, una chef del Perigord, fue la encargada de crear los platillos preferidos del principal huésped del Palacio del Elíseo: el dignatario François Miterrand.

La cocinera del presidente es sobre una mujer del campo que lleva a cabo su labor como si de un asunto de Estado se tratara y lo hace en medio de la típica burocracia que se da hasta en los Gobiernos civilizados de Europa.

Debe adecuarse, sin perder su personalidad, a lo ostentoso que es ser alguien humilde y medio anónimo en una casa de tamaña envergadura, donde lo normal sean visitas de alcurnia.

Hortense Laborie dejó claro que criarse entre vacas y cerdos no la hacía una ignorante en asuntos del sabor y las esencias, y que era igual o más talentosa que cualquier hombre al momento de enfrentarse a una receta complicada.

Un aspecto que llamó mi atención fue cómo presenta esta película, lo que uno espera que sea la forma de ser del máximo representante y líder del sistema democrático de cualquier país: un presidente elegante, educado, comedido, reflexivo y culto. Y no esos bárbaros, toscos, vulgares y ordinarios que a veces están al frente de las riendas del Gobierno, y aunque después uno se entera que son un fraude escogidos por vía electoral, o sea, por culpa de nosotros los votantes.

Sin duda esta figura de ficción, que en la cinta recibe el nombre de Señor Presidente, no parece ser el retrato, cuerpo completo, de ciertos mandatarios franceses, que si vemos de reojo la historia vamos a constatar que son bastante dados a unir sexo con poder.

Lo interesante es que su pueblo no se vuelve loco con esos comportamientos díscolos como sí ocurre, por ejemplo, en Estados Unidos. Sino, recordemos el suceso de hace unos años entre Bill Clinton y Mónica Lewinski, cuya relación fue más importante cuando estuvimos ante uno de los mandatarios norteños más preparados del último cuarto del siglo pasado.

Esa combinación de relaciones fuera del amparo del matrimonio pasó hace unas cuantas semanas con el presidente francés François Hollande, a quien le descubrieron un amorío con una actriz 18 años más joven que él, una tradición que quizás arranca con otros colegas y paisanos suyos como Napoleón III, Félix Faure, Gaston Doumergue.

También hay ejemplos de más cercana data como los romances secretos, o no tanto, de otros mandatarios franceses como Valéry Giscard-d´Estaing, François Mitterrand, Jacques Chirac y Nicolás Sarkosy.

SENCILLEZ

Volvamos al filme en cuestión. La cocinera del presidente es de esas películas correctas, aunque su disfrute es parcial.

Como señaló Andrew L. Urban del sitio Urbancinefile: “la cocina siempre nos fascina a nosotros los amantes de la cocina, y Hortense tiene unos platos apetitosos y únicos con los que tentarnos”.

Tiene sus momentos de gloria, pero son pocos, que no terminan de calar en un conjunto sobresaliente.

Cuidado, no es plato de segunda mano este filme, pues me pareció más llevadero que comedias gastronómicas como Sin reservas (2007), de Scott Hicks, y es más solvente que ese desastre romántico titulado Woman on Top (2000), de Fina Torres.

En palabras del crítico Fausto Fernández, de la revista Fotogramas, es “artefacto inofensivo de incontestable fácil digestión (...) tan grato de contemplar como de olvidar”.

¿Debe la sociedad evaluar el comportamiento sexual de los presidentes casados? ¿Por qué será que los franceses son más tolerantes que los estadounidenses en ese aspecto? ¿En Panamá nos importa si el mandatario de turno cae en el adulterio?

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