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18 ene La película ‘Renoir’, sobre dos genios franceses

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Renoir registra el día a día de una familia que le regaló al mundo dos genios en campos artísticos complementarios: Pierre-Auguste, uno de los máximos representantes del movimiento pictórico impresionista, y Jean, prestigioso guionista, actor y director de cine.

Uno es el padre y el otro el segundo de sus hijos.

Ambos son el eje de Renoir, el tercer largometraje de Gilles Bourdos, quien además es responsable de firmar el argumento de esta producción que representó a Francia en la categoría de mejor película extranjera al premio Oscar.

Aunque al final no quedó entre las cinco escogidas por la academia fílmica estadounidense, sí tuvo su estreno mundial en el influyente Festival de Cine de Cannes.

Este drama biográfico tiene a su favor que abarca un universo manejable: entre 1915 y 1918, cuando el planeta estaba sacudido por  la Primera Guerra Mundial, la escuela impresionista comenzaba a ser aceptada por críticos y galeristas tanto dentro como fuera de Francia, mientras el cine aún estaba en una etapa que era visto como un entretenimiento menor sin  prestigio.

Es una época en que el pintor disfruta de su condición de maestro reverenciado y está en el ocaso de su existencia. En tanto,  el joven está indeciso de seguir el sendero cinematográfico o continuar en medio de una vida anodina de chico abrigado por su famosa figura paterna.

El director francés Gilles Bourdos siempre se ha concentrado en personajes con deseos de romper algún tipo de atadura.

En Inquietudes (2003), su debut detrás de las cámaras, su joven protagonista quiere desligarse de su familia burguesa; en Premonición (2008), una chica divorciada busca ir más allá de su realidad y explorar el territorio de lo sobrenatural, y ahora en Renoir (2013) explora cómo ejercer el arte con pasión puede aislar, atormentar, liberar o condenar a los creadores y a sus seres queridos.

Renoir, que se estrena en Panamá, plantea más de un tema principal, lo que lleva a que el espectador no sepa si Bourdos quiere hablar del pintor Renoir o de su hijo o de ambos, o de su servidumbre o de su familia en general o sobre una de las últimas modelos del artista en particular.

Más allá de esa ambición argumental, que provoca cierto desnivel a la propuesta, Renoir es una buena ocasión para iniciar la fascinación por el pintor y por su hijo, el futuro realizador.

Aunque el primero es una figura relevante de la cultura universal, son pocos los proyectos audiovisuales que estudian su obra.

Aunque si ampliamos el campo de investigación, el oficio de pintor no es que sea uno de los favoritos del negocio del cine como sí lo son los maestros, los bomberos, los abogados o los deportistas.

Un mérito de Bourdos, que también puede ser una debilidad, es que decidió presentarnos a los dos Renoir como seres humanos en su entorno y no se preocupa en darnos muchas lecciones sobre pintura, y menos de  cinematografía.

El director plantea cómo hay heridas físicas y emocionales que derivaron en cómo cada uno enfrentó su labor.

Nos recuerda el calvario que fue para Pierre-Auguste sufrir de un reumatismo tan severo que no le permitía casi  pintar. Sin dejar por fuera que no fue el padre y esposo afectivo que los suyos hubieran soñado, ya que su principal amor fue la pintura.

Mientras que Jean se cura de una herida causada durante un conflicto bélico mundial y cómo sentía orgullo de la trayectoria de su padre, aunque a la par deseaba no estar bajo su sombra, si bien no sabía cómo lograrlo hasta que conoce a Andrée, quien fue musa tanto de Pierre-Auguste como de su descendiente.

Cuando vean Renoir me comentan. Ah, solo la proyectan en una sala en el país: Cinemark Multicentro.

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