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22 jul El regreso de ‘Ghostbusters’

‘Ghostbusters’ (2016) tiene el fin de cautivar a la audiencia que disfrutó la versión original de 1984 y además conquistar a las nuevas generaciones.

El director Paul Feig tuvo a su favor un presupuesto de 144 millones de dólares para firmar la típica vacía película del verano estadounidense.

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‘Ghostbusters’ (2016) recibió una calificación de 73% por parte de los críticos de EU, y la de 1984 obtuvo un respaldo del 97%, de acuerdo con el sitio ‘rottentomatoes.com’. ‘Ghostbusters’ (2016) recibió una calificación de 73% por parte de los críticos de EU, y la de 1984 obtuvo un respaldo del 97%, de acuerdo con el sitio ‘rottentomatoes.com’.
‘Ghostbusters’ (2016) recibió una calificación de 73% por parte de los críticos de EU, y la de 1984 obtuvo un respaldo del 97%, de acuerdo con el sitio ‘rottentomatoes.com’. Cortesía

Digamos en honor a la verdad que Ghostbusters ( Los Cazafantasmas, 1984), del director Harold Ramis, es una película de culto altamente divertida gracias a sus diálogos absurdos y optimistas; un guion medio tonto, aunque a veces era más bien mordaz; más la buena onda que se respiraba entre su elenco y porque era una producción que era más de acción y comedia que de terror tradicional.

La versión 2016, a cargo de Paul Feig, es igual de primitiva en su planteamiento argumental. Su equipo de intérpretes también ofrece una buena química y la falta de definición de su puesta en escena también se hace presente. Entonces, ¿por qué no funciona por completo?

La nueva Ghostbusters es otro caso de cómo los productores de Hollywood se fastidian una película porque deciden amarrar la creatividad a un cineasta irreverente. Un tema que se ampliará después.

Mejor comencemos por los puntos altos de esta Ghostbusters. Paul Feig mantiene su deseo de hacer un hincapié femenino a la comedia fílmica estadounidense moderna, un género que casi siempre han dominado los hombres.

Las comedias femeninas de Feig cuentan con todos los tópicos de la comedia ordinaria protagonizada por los caballeros, como quedó patente en sus largometrajes Brides Maids (2011), The Heat (2013) y Spy (2015).

Que haya decidido que sus estelares en Ghostbusters fueran mujeres fue algo planeado de antemano por Feig como un acto reivindicativo dentro del conservador Hollywood.

De esta manera, Feig quería darle su valor al mal llamado sexo débil a lo interno del negocio del cine industrial, con una propuesta que despertó la ira de un sector machista de la audiencia estadounidense, que atacó a esta Ghostbusters sin haberla visto siquiera, porque les parecía ofensivo que unas chicas se hicieran cargo de la misión de eliminar a los fantasmas que provocan pánico en Manhattan.

A ese sector retrógado -que de seguro apoya a Donald Trump en sus aspiraciones presidenciales en la Unión Americana- le parecía inconcebible que este selecto colectivo de comediantes femeninas demostrara que podía estar a la cabeza de una usual y vacía producción de la temporada veraniega.

La irónico para ese público chapado a la antigua es que el principal factor agradable del Ghostbusters de Paul Feig es precisamente el depurado trabajo de Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Leslie Jones y Kate McKinnon. 

ALTOS Y BAJOS

El director Paul Feig firma un Ghostbusters que no tiene una definición precisa.

Su arranque parece pronosticar una cinta de horror, aunque a los minutos cambia drásticamente el tono hacia el género al que pertenece realmente Ghostbusters: la comedia. Es una simpática trampa y es divertido como recurso entre lúdico y macabro.

Lo grave es que divide su filme en dos mitades. La primera parte es una inofensiva comedia con elementos sobrenaturales, el segmento más efectivo.

Mientras que en la otra parte cae en la tentación de narrar una cinta de aventuras de superhéroes, pero su destreza en este terreno desconocido para él aniquila el ritmo de su Ghostbusters, pues es obvio que Feig no tiene la experiencia ni la profundidad dramática de sus colegas Christopher Nolan, Anthony y Joe Russo, Joss Whedon o Bryan Singer.

El otro pecado de Feig es que busca simpatizar con la audiencia adulta a punta de convocar una nostalgia tras otra, y a una nueva generación de consumidores del séptimo arte con las ya mencionadas escenas repletas de efectos especiales, como si vieran una película basada en los cómics de la Marvel o de la DC Comics.

CALCO

Para capturar a los espectadores de todas las edades, un Paul Feig carente de una plena autenticidad se aboca a escenas graciosas y desagradables, y con personajes fantasmagóricos ridículos, recursos que ya utilizó con mejor tino Harold Ramis en la Ghostbusters de la década de 1980.

Su Ghostbusters va del remake (reposición) al reboot (reinicio).

Su película sigue al pie de la letra más de un plano, más de una situación y más de un chiste que encontramos en la película original, cuyo argumento escribieron Dan Aykroyd, Harold Ramis y Rick Moranis en menos de un mes.

Incluso, Feig echa mano del exitoso e inolvidable tema musical de Ray Parker Jr., así como del icónico logotipo de la empresa responsable de cazar fantasmas, para que los mayores de 35 años disfruten reviviendo el pasado. Ambas, sí, son señas de identidad del Ghostbusters de Harold Ramis.

Para complacer aún más a los dados por las remembranzas audiovisuales en cantidades exageradas, Feig introduce en la trama, sin ingenio y con bastante torpeza, a los actores de la cinta de 1984.

Así vemos en pequeños e intrascendente papeles a figuras como Bill Murray, Dan Aykroyd, Sigourney Weaver, Annie Potts...

¿No quería arriesgarse lo suficiente o los productores de Ghostbusters no lo dejaron? Ni idea.

VILLANO

Para su pobre inmersión en el subgénero de los superhéroes, Paul Feig usa a uno de los más insípidos villanos de la historia reciente del cine comercial gringo.

Neil Casey encarna a Rowan, un conserje de hotel que es humillado de forma constante, al punto que desea, como venganza, desatar una pandemia compuesta de fantasmas con pocas ganas de hacer amigos con la gente de la Gran Manzana.

Su Rowan da tanta lástima como malvados de pacotilla de los cómics como la Coneja Blanca, Zancudo, El Sapo o Modok. Es tan deslucido lo que hace Casey, que el Loki de Tom Hiddleston (de la saga de Thor) es un personaje magistral.

DINÁMICAS

Sí es fabuloso que Paul Feig sepa construir sketchs en Ghostbusters.

Tiene de su lado que sus cuatro estrellas femeninas provienen de la escuela más grande a la hora de ofrecer ese tipo de escenas cortas humorísticas: el programa Saturday Night Live.

Los sketchs entre Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Leslie Jones y Kate McKinnon, en especial cuando están aprendiendo a lidiar con los seres fantasmales, le permite a Feig obtener un par de puntos a su favor.

También es válido que se burle de los personajes masculinos de la comedia tradicional en el Kevin de Chris Hemsworth, y de paso, también se las carga contra el astro de Thor, y que este tenga la madurez suficiente para dejarse ser objeto de tamaña mofa.

El intérprete encarna a un guapo, torpe y poco inteligente recepcionista. Los sketchs que desarrolla Chris Hemsworth con Kristen Wiig (quien hace las veces de una tímida y formal investigadora científica) es una delicia de Ghostbusters.

El problema, Paul Feig, es que un largometraje no solo puede ser una concatenación de sketchs.

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