La llegada del año nuevo lleva implícito anhelos de buenaventura y nuevas oportunidades.
El amanecer del 1 de enero, es visto por muchos como el momento propicio para salir de la casa y hacer lo que más se disfruta, quizá con la esperanza de perpetuar estas experiencias durante todo el año.
Pasadas las 12 campanadas, centenares de personas alrededor del planeta pusieron pausa a los quehaceres cotidianos para ir en busca de algún solaz que les aporte un cariz aventurero durante 2014.
“Ojalá vivas todos los días de tu vida”, solía expresar el irlandés Jonathan Swift, autor de Los viajes de Gulliver y otros tantos libros de crítica social.
Y es que a cinco días de haberse estrenado un nuevo anuario, personas de todas las latitudes han procurado mantener encendida la actitud boyante, característica de los festejos de fin de año.
La bonanza, empero, se vio empañada en algunos países afectados por fenómenos de la naturaleza.
En Estados Unidos, la tormenta “Hércules” aquejó a cerca de 20 ciudades, mientras que en el cono sudamericano, las temperaturas cálidas de la época descendieron con lluvias abundantes.
El espíritu festivo y el regocijo por el nuevo porvenir, sin embargo, no se vio cuarteado y en diferentes capitales se efectuaron celebraciones, que sin importar la edad o el estado del tiempo, dieron rienda suelta al espíritu crédulo y jaranero de los hombres y mujeres del planeta.

