BIOGRAFÍA. LA VIDA DE UN CAUDILLO DE VERDAD.

Benito Pablo Juárez García

Este personaje de rasgos indígenas tan marcados y de los cuales, con sobrada razón, se pudo siempre enorgullecer, engalanan nuestra página de hoy.Se trata del mexicano Benito Pablo Juárez García, quien nos legó una muy fructífera existencia, que se nos hace obligatoria conocer. Ya leeremos detalles, aún cuando no completos y es que son tantos que no caben en nuestros textos de hoy. Su baja estatura, los pómulos salientes, el pelo lacio, el grosor de sus manos, nos afirman su origen, que más autóctono no puede ser.Pertenecía a la etnia zapoteca, una de las originales que poblaron y que han constituido la gran República Mexicana.El pueblo en donde nació Juárez no figuraba tan siquiera en los mapas. Su nombre, San Pablo Guelatao, de seguro le fue impuesto por los conquistadores españoles, de allí parte también el nombre de nuestro personaje y el de los postizos apellidos de sus progenitores. Juárez, de niño no sabía leer. Al quedar huérfano de padre y madre se trasladó hasta Oaxaca, la misma ciudad que hoy figura en los medios de comunicación por el carácter rebelde de su población.La segunda fotografía es la de un mural hecho de mosaicos italianos que se encuentra a la entrada del pueblo en donde nació Juárez, y que representa diferentes etapas de su existencia.Hemos obtenido la mayoría de los anteriores datos de la biografía que sobre Juárez escribió el mexicano Manuel del Río González. Este personaje de rasgos indígenas tan marcados y de los cuales, con sobrada razón, se pudo siempre enorgullecer, engalanan nuestra página de hoy.Se trata del mexicano Benito Pablo Juárez García, quien nos legó una muy fructífera existencia, que se nos hace obligatoria conocer. Ya leeremos detalles, aún cuando no completos y es que son tantos que no caben en nuestros textos de hoy. Su baja estatura, los pómulos salientes, el pelo lacio, el grosor de sus manos, nos afirman su origen, que más autóctono no puede ser.Pertenecía a la etnia zapoteca, una de las originales que poblaron y que han constituido la gran República Mexicana.El pueblo en donde nació Juárez no figuraba tan siquiera en los mapas. Su nombre, San Pablo Guelatao, de seguro le fue impuesto por los conquistadores españoles, de allí parte también el nombre de nuestro personaje y el de los postizos apellidos de sus progenitores. Juárez, de niño no sabía leer. Al quedar huérfano de padre y madre se trasladó hasta Oaxaca, la misma ciudad que hoy figura en los medios de comunicación por el carácter rebelde de su población.La segunda fotografía es la de un mural hecho de mosaicos italianos que se encuentra a la entrada del pueblo en donde nació Juárez, y que representa diferentes etapas de su existencia.Hemos obtenido la mayoría de los anteriores datos de la biografía que sobre Juárez escribió el mexicano Manuel del Río González.

Este personaje de rasgos indígenas tan marcados y de los cuales, con sobrada razón, se pudo siempre enorgullecer, engalanan nuestra página de hoy.Se trata del mexicano Benito Pablo Juárez García, quien nos legó una muy fructífera existencia, que se nos hace obligatoria conocer. Ya leeremos detalles, aún cuando no completos y es que son tantos que no caben en nuestros textos de hoy. Su baja estatura, los pómulos salientes, el pelo lacio, el grosor de sus manos, nos afirman su origen, que más autóctono no puede ser.Pertenecía a la etnia zapoteca, una de las originales que poblaron y que han constituido la gran República Mexicana.El pueblo en donde nació Juárez no figuraba tan siquiera en los mapas. Su nombre, San Pablo Guelatao, de seguro le fue impuesto por los conquistadores españoles, de allí parte también el nombre de nuestro personaje y el de los postizos apellidos de sus progenitores. Juárez, de niño no sabía leer. Al quedar huérfano de padre y madre se trasladó hasta Oaxaca, la misma ciudad que hoy figura en los medios de comunicación por el carácter rebelde de su población.La segunda fotografía es la de un mural hecho de mosaicos italianos que se encuentra a la entrada del pueblo en donde nació Juárez, y que representa diferentes etapas de su existencia.Hemos obtenido la mayoría de los anteriores datos de la biografía que sobre Juárez escribió el mexicano Manuel del Río González.

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Hijo de Marcelino Juárez y Brígida García, indios zapotecas, pero con tradición de artistas y gentes cultas dentro de sus limitaciones, Benito Pablo Juárez García nació en la aldea de San Pablo de Guelatao (Estado mexicano de Oaxaca), el 21 de marzo de 1806. Estuvo en dos ocasiones en Panamá; ya les explicaremos los motivos con posterioridad.

Siendo muy niño quedo huérfano de padre y madre, y fue recogido por un tío quien lo convirtió en otro pastor de ovejas más. Pero abandonó todo aquello, y caminando y sin un céntimo en sus bolsillos, se trasladó a los 12 años a Oaxaca, la capital de su estado natal. Una de sus hermanas trabajaba en una casa de familia en esa ciudad.

Unos religiosos católicos se hicieron cargo de su educación. Querían hacer un sacerdote de él, mas prefirió trabajar en encuadernación. Ya había aprendido a leer y en ese oficio devoraba los libros con los que le tocaba trabajar.

Fue a la escuela primaria, después a un instituto en donde se graduó en Derecho, a pesar de que alguien antes le había dicho que para ser pastor le sobraban las letras. Para ese entonces España había invadido México y Juárez abandonó todo para combatir por la libertad de su país.

Luego se sucede otra invasión, pero ahora por parte de Estados Unidos. Mientras, Juárez iba escalando posiciones públicas (concejal, gobernador) de su región.

Se casa con Margarita Maza, perteneciente a una familia muy conocida y de recursos económicos. Se hace masón. Sin que tenga nada que ver con esta decisión, toma controvertidas posturas que disminuyen las influencias políticas y económicas de la Iglesia católica de esos tiempos. El dictador Antonio López de Santa Anna lo exilia en 1854.

Juárez viaja a Nueva Orleáns, Estados Unidos, donde trabaja en una fábrica de tabaco. En su viaje al país norteño hizo una escala en Panamá.

Después vuelve a México, pero en 1856 lo vuelven a exiliar y tiene que regresar a Panamá. En ninguno de los dos viajes demoró muchos días por aquí.

Para entonces, ya había ocupado los cargos de Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ministro de Gobierno y Gobernador de Oaxaca. El cargo en la Corte Suprema implicaba, además, ser primer Vicepresidente de la República y fue así como le tocó, aunque por un corto período, presidir los destinos de su nación; lo cual coincidió con su segundo viaje hasta el Istmo. Es decir, aquí estuvo en los inicios de su admirada carrera política y después en un escalón superior.

Siendo Primer Mandatario dictó leyes profundamente liberales que afectaban las riquezas en dinero y en poder de la Iglesia de su tiempo.

Por situaciones políticas internas y externas se vio obligado a cambiar las sedes de su Presidencia a diferentes ciudades de su país. Entonces vino un nuevo invasor, Francia, quien implantó un imperio en México al frente del cual colocó a Maximiliano I, de Habsburgo y a su esposa Carlota, a cuyos ejércitos venció más tarde Juárez, condenando a ser fusilado al engreído y absurdo emperador. Carlota sí pudo regresar a su país natal.

A Maximiliano lo venció en Querétaro, en donde las tropas imperiales se habían atrincherado, sin embargo fue un sitio fácil de reconquistar.

Después tuvo que enfrentarse nuevamente a otra conspiración, esta vez nacional y a cargo de Porfirio Díaz, que sí derrotó al caudillo Juárez. Era imposible, con tantos enemigos y sinsabores, que su organismo no se le fuera a afectar y fue entonces cuando le falló el corazón. Mas, lo peor eran los absurdos tratamientos a los que lo sometieron los médicos de aquella época. Le derramaban agua hirviendo en el pecho cubierto por unas sábanas, dizque para aliviárselo. Juárez aguantaba todo eso de pie y hasta atendió citas con ministros y generales mientras le hacían los "tratamientos".

Murió el 18 de julio de 1872. Su fama lo acompañará hasta la eternidad.

El Senado colombiano lo declaró Benemérito de las Américas el 2 de mayo de 1865.

En las Raíces pasadas los apellidos de la reconocida demógrafa panameña Vilma Médica y de Gabriel Zarak aparecieron alterados, hacemos la fe de erratas.

Textos: Harry Castro Stanziola

Colección de las fotografías: Ricardo López Arias

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