MÁQUINAS DE ESCRIBIR. EVOLUCIÓN.

Raíces Olvidadas en el tiempo

En una de nuestras dos fotografías aparece lo que debería ser parte del personal administrativo (¿o serán educadoras en reunión?). El archivador, el viejo modelo telefónico, la variedad de alfombras, libros de referencia, y unas dedicadas damas engalanaban el lugar. Si acaso resulta ser de mango el árbol que se ve desde la ventana abierta, sin dificultades desde el salón se podían alcanzar estas frutas. Desde ahora quedamos a la espera de la identificación de quienes aparecen aquí. En la segunda foto, vemos a unas, de seguro, muy bien disciplinadas jóvenes de las décadas de los veinte o treinta del siglo XX, asistiendo a una clase de mecanografía, arte que aún no ha desaparecido del todo, ya que para escribir en las pantallas de las modernas computadoras, el dispositivo con el cual se escribe en nada se diferencia de las ya abandonadas máquinas Underwood que se pueden observar aquí. El teclado de las letras sigue siendo igual, pero ya nadie se acuerda cómo se les debe llamar a esas partes.Un elegante profesor muy bien acomodado vigila, preside y de seguro orienta en la reunión. Cómo se nota que las tarifas de energía eran diferentes en cuánto a su precio a las actuales, ya que como se ve en la foto, los focos no eran necesarios, la luz solar iluminaba todo el salón. Ni hablar del aire acondicionado en este tiempo, con el abanico bastaba. En una de nuestras dos fotografías aparece lo que debería ser parte del personal administrativo (¿o serán educadoras en reunión?). El archivador, el viejo modelo telefónico, la variedad de alfombras, libros de referencia, y unas dedicadas damas engalanaban el lugar. Si acaso resulta ser de mango el árbol que se ve desde la ventana abierta, sin dificultades desde el salón se podían alcanzar estas frutas. Desde ahora quedamos a la espera de la identificación de quienes aparecen aquí. En la segunda foto, vemos a unas, de seguro, muy bien disciplinadas jóvenes de las décadas de los veinte o treinta del siglo XX, asistiendo a una clase de mecanografía, arte que aún no ha desaparecido del todo, ya que para escribir en las pantallas de las modernas computadoras, el dispositivo con el cual se escribe en nada se diferencia de las ya abandonadas máquinas Underwood que se pueden observar aquí. El teclado de las letras sigue siendo igual, pero ya nadie se acuerda cómo se les debe llamar a esas partes.Un elegante profesor muy bien acomodado vigila, preside y de seguro orienta en la reunión. Cómo se nota que las tarifas de energía eran diferentes en cuánto a su precio a las actuales, ya que como se ve en la foto, los focos no eran necesarios, la luz solar iluminaba todo el salón. Ni hablar del aire acondicionado en este tiempo, con el abanico bastaba.
En una de nuestras dos fotografías aparece lo que debería ser parte del personal administrativo (¿o serán educadoras en reunión?). El archivador, el viejo modelo telefónico, la variedad de alfombras, libros de referencia, y unas dedicadas damas engalanaban el lugar. Si acaso resulta ser de mango el árbol que se ve desde la ventana abierta, sin dificultades desde el salón se podían alcanzar estas frutas. Desde ahora quedamos a la espera de la identificación de quienes aparecen aquí. En la segunda foto, vemos a unas, de seguro, muy bien disciplinadas jóvenes de las décadas de los veinte o treinta del siglo XX, asistiendo a una clase de mecanografía, arte que aún no ha desaparecido del todo, ya que para escribir en las pantallas de las modernas computadoras, el dispositivo con el cual se escribe en nada se diferencia de las ya abandonadas máquinas Underwood que se pueden observar aquí. El teclado de las letras sigue siendo igual, pero ya nadie se acuerda cómo se les debe llamar a esas partes.Un elegante profesor muy bien acomodado vigila, preside y de seguro orienta en la reunión. Cómo se nota que las tarifas de energía eran diferentes en cuánto a su precio a las actuales, ya que como se ve en la foto, los focos no eran necesarios, la luz solar iluminaba todo el salón. Ni hablar del aire acondicionado en este tiempo, con el abanico bastaba.

El hecho de que hoy aparezcan aquí unas máquinas de escribir y unas estudiantes de mecanografía (literalmente escritura mecánica), nos ha movido a intentar buscar las raíces de aquellos artefactos que en la actualidad ya no se ven. Esto es algo no muy fácil de dilucidar, ya que mientras más fuentes se consultan, se encuentran más datos diferentes.

Así, en una enciclopedia se dice que la primera patente para ese artefacto le fue concedida al ingeniero inglés Henry Mill, en 1714. En otra lectura aparece que fue en 1864 cuando el austriaco P. Mitterhofer construyó la primera máquinas de escribir. Que en el año de 1827 el italiano Pietro Conti da Cilavegna ideó lo que llamó el taquígrafo o sea más o menos el "escritor rápido".

Después, y a medida que el utensilio se fue mejorando, los nombres se van definiendo. Así se lee que Remington, ahora estadounidense, vendía una máquina más ventajosa diseñada por C.I. Sholes.

Inventores franceses y estadounidenses continuaron aportando ventajas al aparataje que básicamente constaba de teclas, el carro y la cinta con tinta. Los adelantos continuaron. En 1870 se comercializó en Dinamarca. En 1889 aparece la primera portátil. En 1901, en Estados Unidos, sale la máquina eléctrica. En 1965 la primera electrónica con memoria a cargo de la compañía I.B.M.

Así nos vamos acercando a las más modernas computadoras dotadas de muchísimas más ventajas, pero que no deben hacernos olvidar a sus bisabuelas mencionadas arriba. Ni tampoco lo que nos deparará el futuro, con el hombre, otro animal más en peligro de extinción, por lo menos en lo que a su inteligencia se refiere, ya que las máquinas ahora pretenden competir con nuestros cerebros.

Educación en Panamá

Por eso y para no llorar, pasemos a hablar de otras Raíces que por lo menos no han evolucionado mucho.

Pero relacionadas con nuestras fotografías de hoy.

En 1903, cuando se crea la nueva república de Panamá, la población estudiantil constaba de 9 mil 504 alumnos, incluyendo a representantes de los dos sexos. Había 187 escuelas en todos el territorio atendidas por un total de 259 maestros y maestras.

¡Ah! y la población total del país era de 320 mil habitantes, pero con unos censos bien deficientes. Para el nivel secundario había seis colegios con 37 profesores y profesoras y 660 estudiantes.

La primera Constitución, la de 1904, hizo que la llamada educación primaria fuese obligatoria.

Con el tiempo ciertas mentalidades verdaderamente liberales lucharon por sacar al proceso educacional panameño de sus arcaicas tradiciones. José Dolores Moscote, José Daniel Crespo, Jephta B. Duncan, Guillermo Andreve, Octavio Méndez Pereira lucharon para conseguir este adelanto.

La Ley 35 de 1919 estableció la coeducación mixta que tantas protestas trajo, pero que como era lógico tuvo la forma de imponerse.

Para 1920 aún no había escuelas secundarias fuera de la capital de la República. Mucho menos verdaderas universidades. El Instituto Nacional, en parte, fue utilizado para dar esos primeros pasos.

Sin embargo, y volviendo un poco atrás, la Ley 11 de 1904 organizó la Instrucción Pública y estableció las primeras escuelas normales, también las llamadas superiores, la Escuela de Música y Declamación, además del Colegio Nacional de Comercio e Idiomas.

Llegan los hermanos cristianos y los profesores contratados en el extranjero.

Volviendo a las escuelas normales, la de varones fue creada por medio del Decreto No.7 del 15 de abril de 1904. La Escuela Superior de Varones nació el 21 de noviembre de 1904. La de Señoritas, el 6 de mayo de 1905.

Textos: Harry Castro Stanziola.Fotografías: Ricardo López AriasComentarios: svasquez@prensa.com

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