El reto para subir al volcán Barú, el punto más alto de la República, no son las nueve horas de camino, los mareos o el dolor de cabeza, sino las pocas facilidades que se ofrecen en el lugar a nacionales y extranjeros.
En los 3 mil 475 metros dealtura, por el área habilitada para acampar, hay basura, y las únicas letrinas están sucias, por lo que muchos visitantes prefieren utilizar el bosque como sanitario. Las maderas, que están colocadas como piso en un quiosco para descansar y armar las tiendas de campamento, están rotas.
A ello se le suma la cantidad de basura que se puede ver a lo largo del sendero, que comienza en el pueblo de Volcán, así como la falta de señalización.
A pesar de que por Boquete se puede llegar a la cima en vehículos –una opción para aquellos de edad avanzada o con problemas físicos– el mal estado de la calle solo permite que la recorran los carros todoterreno (4x4).
El decreto ejecutivo de 1976, que creó el Parque Nacional Volcán Barú, asignó su administración a la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam).
Para ingresar al parque tanto en la garita de Volcán como en la de Boquete se debe pagar tres dólares.
La directora del departamento de Áreas Protegidas de la Anam, Aleida Salazar, informó que esa dependencia está trabajando en las mejoras de las infraestructuras de las 85 áreas protegidas del país, incluyendo la del volcán Barú.
Según Salazar, las mejoras tomarán un poco de tiempo, ya que hay que ver la accesibilidad al lugar y el tipo de equipo que se necesita.
RESERVA
El Parque Nacional Volcán Barú, con una superficie de 14 mil 325 hectáreas, se encuentra en la provincia de Chiriquí, sobre la cordillera de Talamanca y está ubicado a una distancia de 473 kilómetros de la ciudad capital.
En el área se pueden observar aproximadamente 250 especies de aves, que han sido censadas, entre ellas el quetzal, el aguilillo blanco y negro y los colibríes, así como diversas variedades de torcazas y el orejivioláceo pardo.
En el bosque nuboso del volcán Barú también se han identificado anfibios, como la salamandra marmórea y reptiles, como las lagartijas Anolis vociferans y Anolis fungosas. Las cinco especies de felinos que viven en Panamá se les puede encontrar en el parque, así como a otros mamíferos. Del Parque Nacional Volcán Barú nace el río Caldera, en donde se colocó una hidroeléctrica, que nutre de energía a gran parte del país.
Según datos estadísticos de la Anam, al menos 3 mil personas visitan anualmente esta zona protegida.
