Al menos ocho mil personas presenciaron en la ciudad prehispánica de Chichen Itzá el espectáculo de luz y sombra el dios del Sol -Kukulkán-, que recorre las escalinatas de la pirámide durante el equinoccio de otoño.
La amenaza de tormenta por el paso del huracán Rita y los densos nublados no fueron impedimento para que el dios Kukulkán, conocido como La serpiente emplumada, bajara nuevamente a esta legendaria ciudad de los mayas para celebrar el equinoccio de otoño.
La sombra de la serpiente recorrió como cada año las escalinatas de la pirámide de El Castillo, en donde sus nueve triángulos equiláteros se dibujan al iniciarse cíclicamente el término de la estación de verano y se inicia el otoño.
El fenómeno de luz y sombra ha sido catalogado por gran cantidad de investigadores, historiadores y arqueólogos como uno de los más hermosos y exactos de la cultura maya.
La ceremonia fue acompañada con bailes, música y ritos ancestrales, realizados por grupos de indígenas.
El fenómeno de luz y sombra de los solsticios de primavera y otoño, no son exclusivos de Chichen Itzá, sino que también se encuentran en numerosas construcciones mayas como Uxmal y en poblados menores como Dzibichaltún, Labná y en centros ceremoniales como Tulum y Coba.
En esta ceremonia, llena de magia ancestral, los mayas nuevamente lograron atraer la presencia de "quien trae la lluvia, la buena lluvia", mientras los indígenas bailaron y celebraron la presencia del dios benefactor que marca un nuevo ciclo, para la vida y para la selva.
Fue el arqueólogo yucateco Víctor Segovia Pinto (1907-1986) quien descubrió este imponente espectáculo, al que llamó "tributo a la vida".
