Bajo el sello Alfaguara publicó Berna Burrell su primera novela. Ella, catedrática de Lengua y Literatura y académica de número de la Academia Panameña de la Lengua, ha publicado anteriormente ensayos, pero éste es elprimer trabajo de ficción que edita.
En resumidas cuentas, la obra nos presenta un breve espacio en la vida de Pepe Pérez y Athanasius Rabín de Melog, los dos únicos personajes de esta historia.
Juntos realizan un viaje de trabajo (en carretera) por el interior del país, pero termina siendo la excusa perfecta para introducirse (o introducirlos por impulso de la autora o avatares del destino) en los caminos del redescubrimiento.
Fuera de eso no ocurre más nada. Burrell utiliza como recurso narrativo el diálogo y el fluir de conciencia, pero sin mayor efectividad.
Eso dio como resultado 204 páginas de largas conversaciones que no van a ningún lado; relatos y anécdotas que no tienen mayor funcionalidad (en términos de la historia que se cuenta).
Sin dejar de mencionar las interminables explicaciones sobre los colores, la botánica, la literatura y otros muchos temas, sólo para demostrar que el misterioso personaje es todo un erudito y, al final de la historia, cuando se devela el verdadero vínculo que une a los personajes, justificarlo todo con un "vaya, por eso es que me has hablado de todo esto durante el viaje".
En pocas palabras: cero acción dramática. En la novela no pasa nada.
Además, la creación de los personajes es un tanto floja. Sobre todo en Pepe, quien sufre de una extraña amnesia, ciertamente caprichosa, en la que olvida y recuerda cosas a su antojo. Al final pareciese un conveniente recurso de la autora, más que una decisión creativa. Por otro lado, en la obra se repite mucha información de los personajes que el lector ya ha leído y que además ha podido descubrir, por sí solo, a través de los diálogos. Al final aparecen líneas y frases sueltas de gran belleza, y otras muy cómicas, pero una obra no se puede fragmentar en pequeños buenos logros. Debe ser un solo paquete completo.

