Su relación con el arte no se definió hasta que le tocó diseccionar un animal en clases de anatomía. Ese día María Fábrega, la hoy nueva directora ejecutiva del Museo de Arte Contemporáneo de Panamá, (MAC) (antes directora de desarrollo), se convenció de que lo suyo no eran las ciencias naturales, sino que lo natural en ella era el arte. De niña pintaba las paredes de su casa y de grande terminó estudiando Historia del arte.
Ama la plástica sacra, la iconografía griega y rusa y no deja de informarse, leer, ver y conectarse con lo que pasa en el mundo de la creatividad.
Llegó hace cinco años al MAC con la misión de buscar fondos para levantar el espacio fundado en 1962. La institución maneja un presupuesto cercano a los 200 mil dólares anuales que, según Fábrega, apenas alcanzan. Para pagar los gastos, llevar a cabo las mejoras que se requieren para ofrecer un buen servicio, desarrollar proyectos y montar exhibiciones de calidad "hay que llegar a gente que no es muy fácil de alcanzar: los auspiciadores; mantener la relación con uno de los pilares del museo: los artistas", y realizar toda clase de actividades de recaudación como las subastas, las tómbolas y la edición de libros de arte. Así que desde su "muy pero muy viejo escritorio" llamó "a todo el mundo para comprometerlo con el MAC" y hasta el día de hoy su equipo de trabajo ha logrado involucrar a la empresa privada en la creación de varios proyectos, incluido el programa Educarte, "que le ha dado muchos beneficios al museo, no sólo porque trae gratuitamente a cinco mil niños al año, —provenientes de áreas marginales de Panamá, y de zonas de Colón y El Valle de Antón—. El proyecto también ha desarrollado talleres terapéuticos para personas con discapacidad y enfermos de cáncer (en alianza con Casita de Mausi)".
María Fábrega no diseccionará animalitos, pero "mataría por espacios bien grandes para los talleres educativos; por una sala permanente para la colección permanente del museo -que incluye unas 500 piezas que ahora mismo están guardadas por la exposición de Kcho-; por una bóveda con mejores condiciones para preservar las obras; por un taller de diseño para artesanos; por una cafetería y una tienda más agradable". Esos sueños estarían bien, sobre todo, si fuesen en el nuevo terreno que esperan les entreguen pronto. Fábrega alucina con ese espacio.
