Cuando un director no da en el blanco

Cuando un director no da en el blanco
Cuando un director no da en el blanco

Con demasiada frecuencia, luego de ver una película dirigida por Robert Redford, me pregunto si lo suyo al final del camino es ser un realizador o si fueron un golpe de suerte sus dos únicas grandes producciones que merecen ser recordadas como cineasta: sus dramas Ordinary People (1980) y Quiz Show (1994).

Ordinary People obtuvo cuatro premios Oscar, incluyendo mejor director y película, y de forma desgarradora muestra cómo una familia trata de seguir adelante cuando uno de sus hijos se suicida.

Mientras que Quiz Show también tuvo cuatro nominaciones, entre ellas a mejor película y director, aunque se fue con las manos vacías cuando se terminó la ceremonia del Oscar.

Se trata de denunciar el lado corrupto de los medios de comunicación social, en especial los espacios televisivos, cuando se descubre que un popular concurso estaba arreglado para beneficiar a uno de sus participantes.

EL ACTOR

El Robert Redford actor está ya en los libros de historia gracias a sus interpretaciones en clásicos como Butch Cassidy and the Sundance Kid (1969), Jeremiah Johnson (1972), The Candidate (1972), The Sting (1973), Three Days of the Condor (1975) y All the President´s Men (1976).

Aquí cabe destacar un hecho: como intérprete ha estado en una zona de bajo perfil entre la década de 1980 y lo que va de este siglo.

Quizás la razón por trabajar poco y ofrecer resultados mediocres sea porque ha estado ocupado al involucrarse en otro gran legado que le ha dado al séptimo arte global: fundar el Festival de Cine de Sundance, la principal vitrina del cine independiente estadounidense, así como la creación de otras empresas relacionadas con esa cita anual como institutos de formación y canales de televisión, todos abocados a las películas que tienen más riesgos argumentales que efectos especiales.

Su regreso en grande a la interpretación viene de la mano de All Is Lost (2013), de J.C. Chandor, en la que encarna a un amante del mar que debe sobrevivir él solo a una fiera tormenta en medio del ancho océano.

Los críticos de su país lo han vuelto a tomar en cuenta y hasta suena como un fuerte candidato para recibir una nominación al Oscar y hasta quizás logre llevarse una estatuilla dorada, una distinción que ya alcanzó gracias a la dirección de la ya citada Ordinary People y uno honorario en 2002.

EL DIRECTOR

Cuando lo evalúas como realizador, el asunto cambia de forma brusca para Robert Redford.

Tiene casi dos décadas que no sobresale cuando se trata de estar detrás de la cámara.

Los críticos de Estados Unidos le dieron 73% (de un total de 100) a su producción The Horse Whisperer (1998), luego 43% a The Legend of Bagger Vance (2000) y 27% a Lions for Lambs (2007).

No hay que irse muy lejos para comprobar esa afirmación, su película El Conspirador, que se estrenó este fin de semana en Panamá, deja en evidencia esa tendencia de ofrecer una labor simple, apenas correcta y casi carente de emoción.

Pasemos de largo que la película es de 2010 y que debería darle pena a los responsables de las carteleras nacionales presentar una producción proyectada hace tres años.

Sé que nunca es tarde, pero en un mundo tan rápido que en 24 horas o menos los piratas logran poner en internet cualquier título, esperar más de mil días para traer El Conspirador es una locura, y esperar que tenga un buen desenvolvimiento en taquilla es aspirar demasiado.

DECEPCIÓN

Sorprende que Robert Redford no le sacara el suficiente filo a El Conspirador, que ofrece una historia de por sí extraordinaria y fascinante.

Estamos ante un drama que ocurrió realmente en el siglo XIX, cuando en 1865, luego del asesinato del presidente de Estados Unidos Abraham Lincoln, fueron llevados a juicio los responsables de la muerte del mandatario.

A uno le da ganas de llorar constatar que Redford pierde el temple y desperdicia la ocasión de conducir con acierto a actores consolidados como Robin Wright, Tom Wilkinson, Kevin Kline y James McAvoy.

Los críticos estadounidenses le dieron a El Conspirador un tímido 55% y los espectadores fueron un poquito menos severos con 68%.

O sea, entre un sector y el otro no obtuvo ni siquiera una C, es decir, reprobado Redford.

En lo financiero le fue igual de peor. Tuvo un presupuesto de 25 millones de dólares, una cantidad pequeña tomando en cuenta que es una película histórica que acarrea muchas veces más gastos que aquellas cintas que ocurren en tiempos actuales.

En la taquilla de Estados Unidos solo hizo 11.5 millones de dólares y en el resto de los mercados apenas 3.9 millones. Esta última cifra es ridícula si es la suma de lo que obtuvo después de visitar 27 países.

Si quieren conocer una parte importante de la historia estadounidense, cuyo impacto todavía se da hoy, adelante; los que desean ver un drama judicial de valía al nivel de Testigo de cargo (1957), de Billy Wilder; 12 hombres sin piedad, de Sidney Lumet, o Matar a un ruiseñor (1962), de Robert Mulligan, por favor ver El Conspirador en dvd o por cable.

LA CRÍTICA

Puesta en escena: HHHII

Edición: HHIII

Guion: HHHHI

Dirección: HHIII

Actuación: HHIII

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