Saber transmitir un conocimiento es todo un don y, como tal, no cualquiera puede decir que es su dueño.
Hay seres brillantes que no encuentran la manera de enseñar a otros la información que tienen, por más que hagan esfuerzos sobrehumanos.
Mientras que otros sabios poseen una extraordinaria facilidad para compartir lo que saben, y sin perder la piel en el intento.
El escritor Julio Cortázar pertenecía al último grupo, y lo demuestra en cada una de las páginas de la obra Julio Cortázar - clases de literatura (Berkeley, 1980).
Este interesante libro, editado por Alfaguara, reúne ocho clases magistrales que el autor argentino ofreció a estudiantes de Berkeley entre octubre y noviembre de 1980.
Como señala el ensayista español Carlos Álvarez Garriga en el prólogo de este libro, se puede identificar una especie de subgénero que tiene como meta editar títulos que aglutinen las clases que han ofrecido maestros de las letras.
Pone como ejemplo a Borges oral, cinco charlas ofrecidas por Jorge Luis Borges en la universidad argentina de Belgrano; Seis propuestas para el próximo milenio, un seminario impartido por Ítalo Calvino en la Universidad de Harvard, y Lecturas de Literatura, apuntes que hizo Vladimir Nabókov cuando laboró para la Universidad de Cornell, entre otros casos.
Después de este paréntesis bien vale volver a Cortázar, quien en sus clases en Berkeley explicaba el mecanismo del saber escribir; los orígenes y el desarrollo del cuento fantástico; la prestancia de las historias realistas y la relación entre el erotismo, lo lúdico y la ficción, así como los mecanismos psicológicos para construir personajes creíbles y queribles.
Luego, pasa al terreno de autores y obras indispensables (de Las mil y una noches a El conde Lucanor de Infante) y después se pone a explicar los mecanismos de creación que dieron como resultado piezas suyas inolvidables como Los premios, Rayuela y Libro de Manuel.
También da espacio para hablar de su propia vida, sus días de estudiante, su permanente condición de lector y sus héroes literarios, más un vistazo a la realidad cultural, política y económico de Latinoamérica, todo con una lucidez y humildad fuera de serie.
Incluso, en los apartes donde se va de lleno a lo autobiográfico no cae en la pedantería, y vaya que tendría motivos para tener un ego del tamaño de un edificio de 92 pisos.
Julio Cortázar - clases de literatura (Berkeley, 1980) está a medio camino entre el ensayo y el testimonio, entre la confesión y el deseo de que sus alumnos consuman las obras de esta parte del mundo.
Esta es una obra para los amantes incondicionales de Cortázar, para los que tienen aspiraciones literarias, para los que quieren ser docentes de verdad y para cualquiera que sepa que el arte, entre otras, es un acto de seducción, complicidad y entrega mutua.
