Más de lo mismo

Ahora todos los superhéroes deben ser vulnerables y El Hombre de Acero ha querido seguir por esa línea.

Es la moda que existe en Hollywood gracias a la influencia que ha regado como pólvora la trilogía de Batman dirigida por Christopher Nolan.

El problema de esta nueva visita de Superman a la pantalla grande es ¿cómo hacer débil a un hombre que es más fuerte que cualquiera sin ni siquiera esforzarse?

Puedes hacerlo víctima de acoso escolar durante su niñez, puedes recordarle que es un hijo adoptado o que no es de este mundo, sino de otro universo lejano, pero aun así es imbatible.

Es que Superman nació como lo que siempre ha sido y será, un tipo prácticamente invencible.

Sus colegas tienen otra historia. Iron Man y Batman son eficaces contra los villanos gracias a sus implementos tecnológicos, mientras que Wolverine y Spiderman son el resultado de un accidente que a la larga se convierte para ellos en una condena, pero para el nacido en Kripton es de lo más normal ser fuera de serie, por lo que darle un aire de tragedia griega a El Hombre de Acero fue una pérdida de tiempo, pues sabemos que el tipo ni siquiera cuando salva a la Tierra se despeina su siempre cuidado corte de cabello, no se ensucia demasiado su traje-disfraz y casi ni tiene morados en su rostro luego que recibe una soberana paliza. Es demasiado perfecto, vaya.

¿Culpables? Zack Snyder por sobrevalorado y los productores torpes por contratarlo. ¿Por qué darle la responsabilidad de revivir a Superman? ¿Es que nadie vio películas fallidas suyas como Sucker Punch (2011), Ga´Hoole (2010) o Amanecer de los muertos (2004)?

Lo mejorcito de Snyder han sido Watchmen (2009) y 300 (2006), y seamos sinceros, no es que estas tengan su lugar asegurado en los libros de historia del cine.

¿Qué tiene El Hombre de Acero que uno tiene la sensación de que le gustó? Porque su estética sombría y su puesta en escena deslumbrante es casi idéntica al tono y a la espectacularidad de Batman.

¿Por qué pasa esto? Christopher Nolan colaboró en el guión y puso su marca, pero en vez de hacer un argumento contundente brinda diálogos, conflictos y situaciones que no terminan de emocionar.

Ese es el talón de Aquiles de esta cinta, que es más de lo mismo, que no aporta nada al cine sobre superhéroes.

Por momentos se parece a Batman y en otras es ver las aparatosas batallas al estilo de Los Vengadores.

También Snyder abruma con tanta secuencia de destrucción sin justificación, desde el derruido planeta de origen de Superman a cómo queda la Tierra maltrecha luego de la visita de unos coterráneos de Kal-El.

Todos los actores de peso, es decir, los que tienen papeles secundarios, fueron desperdiciados por un Snyder que no sabía qué ordenarles.

Pareciera que a Michael Shannon le pidió que sobreactuara siempre, a Amy Adams que pusiera cara de tonta, y a Russell Crowe, Kevin Costner y Diane Lane les solicitó que fruncieran el ceño como señal de dolor, y ya está.

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