La salud como un negocio

La salud como un negocio
La salud como un negocio

Steven Soderbergh es un director tan solvente, incluso cuando hace películas por encargo como es el caso de Terapia de riesgo (Side Effects).

Este óptimo thriller denuncia el comportamiento desleal de algunas multinacionales farmacéuticas, las que están involucradas en hechos de corrupción con sus finanzas llenas de vacíos o cuando son responsables de casos de pacientes que sufren efectos secundarios a causa de los medicamentos que desarrollan, pasando por actos de competencia innoble contra compañías rivales y contra los ministerios de salud de los países, tanto los del llamado primer mundo, que dicen ser tan modernos, y mucho más cuando se trata de los denominados miembros del tercer mundo.

Steven Soderbergh pone en evidencia cómo hay empresas que les parece más importante recaudar enormes sumas de dinero y dejan de último si sus medicinas ayudan o no a la salud de las personas.

Hasta deja entrever que hay empresas dedicadas al bienestar humano que ponen en las farmacias productos que no dan soluciones permanentes a los pacientes, sino que los curan un poco para que las sigan comprando hasta el final de sus existencias, pues las curas definitivas no dan tantos dólares a los accionistas de estas compañías cuando cada año se les brinda el balance financiero.

Terapia de riesgo es una producción precisa, con algunas fisuras en su guion que no entorpece lo suficiente, y que tiene un elenco valioso como Rooney Mara, que encarna a un personaje que es una víctima del sistema; Catherine Zeta-Jones, que hace las veces de una abogada astuta; y Jude Law, que entra en la piel de un psiquiatra que trata de demostrar su inocencia.

Terapia de riesgo le recuerda al espectador que los avances científicos pasan a segundo plano en un sistema basado más en las ganancias monetarias que en resultados para el beneficio de los enfermos.

Esta película plantea lo que muchos sabemos y nos da un susto grande que no nos deja sin dormir en las noches: que ciertas compañías farmacéuticas les pagan a unos cuantos médicos grandes cantidades de dinero o les brindan viajes a hoteles de lujo o cualquier otro tipo de incentivos para que promuevan sus medicamentos en sus consultas, y no siempre esos productos son la única salida para combatir una enfermedad determinada.

Terapia de riesgo plantea que los políticos, los abogados, los periodistas y los médicos, entre otros profesionales y salvando las excepciones de rigor, están bajo el yugo de la trampa, la extorsión, la mentira y la manipulación del sector empresarial.

Uno sale de la sala de cine confirmando que la salud de la comunidad global, a veces, está en manos de inversionistas ciegos por los mandatos de un mercado capitalista despiadado, que convierten a estas empresas en mafias intocables y vestidas de blanco pureza, que utilizan métodos tan letales como los que echan mano los señores que aparecen en el clásico de El Padrino.

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