De Panamá para el mundo De Panamá para el mundo

27 ago Los senderos canaleros

Vista de la ciudad desde Cerro Cedro. Vista de la ciudad desde Cerro Cedro.
Vista de la ciudad desde Cerro Cedro.

Mucho ha cambiado en este país que, a pesar del daño que le infligen tantos inescrupulosos, sigue siendo maravilloso.

Se mantienen muy vivos los recuerdos de la década de las grandes transformaciones, la de 1970, en el viejo colegio en Perry’s Hill. Eran nuestros años formativos, los de toma de conciencia y de preparación para el futuro. La vida política y social giraba en torno a la anhelada recuperación de la Zona del Canal. No éramos ajenos a ello.

Desde las ventanas de las aulas apreciábamos la ancha banda verde que se perdía en el horizonte allende la Vía Transístmica. Aquella zona detrás de la cerca estaba prohibida para los panameños. Do Not Trespass, advertían los letreros. Era allá, en el bosque tan cercano pero tan lejano, donde se concentraban nuestras miradas inquisitivas cuando las clases se tornaban somnolientas.

Sendero en el Parque Matropolitano. Expandir Imagen
Sendero en el Parque Matropolitano.

En el área más próxima de la Zona del Canal había existido a finales del siglo XIX el caserío de Veranillo. Cuando vino el Gran Desalojo a partir de 1904, sus pocos habitantes fueron trasladados a ¿dónde más? Nuevo Veranillo. Hasta ese momento las familias de San Felipe y Santa Ana pasaban ahí sus días de asueto, aprovechando el río con las aguas más límpidas y cristalinas cercanas a la capital: ¡el río Curundú! Cosas veredes, Sancho.

Eventualmente la Zona del Canal desapareció. Los extranjeros pasaron de ocupantes a socios comerciales. Hasta el viejo colegio jesuita abandonó Perejil para establecerse ---sorpresas te da la vida--- en la antigua base militar estadounidense de Clayton, ahora exclusiva zona residencial. Ni en nuestros más remotos sueños lo habríamos podido imaginar.

Canopy Tower, cerca de Summit. Expandir Imagen
Canopy Tower, cerca de Summit.

Como el enclave zoneíta no estaba disponible para el crecimiento de la capital, los bosques fueron devueltos casi en su estado original. Hoy son parques y zonas protegidas para el deleite de capitalinos. Sin embargo, sorprende enterarse de que la proporción de extranjeros que los visitan alcanza el 50%. ¿Qué ven estos visitantes que los panameños no?   

El Parque Metropolitano, cuya entrada se ubica cerca de la otrora Curundu High School, es mantenido por el Municipio de Panamá. Las vías antes usadas por jeeps son ahora amplias veredas. Los senderos están magníficamente señalizados y mantenidos con capas de gravilla que facilitan su recorrido. Los altísimos árboles tropicales transportan al explorador a otro mundo a años luz de los rascacielos y las autopistas. Al mirar la ciudad abajo desde Cerro Cedro, el caminante se impacta con su inesperada cercanía.

Camino del Oleoducto. Expandir Imagen
Camino del Oleoducto.

A lo largo del Camino del Mono Tití se encuentran vestigios de la presencia militar estadounidense. Un viejo bunker hoy luce menos intimidante, rodeado de panamás y letreros que ruegan cuidar a los animalitos silvestres. La estructura, rebautizada “El Castillo”, podrá en un futuro quizás relatarnos sus orígenes. Los años de ocupación norteamericana, cada vez más distantes en nuestra memoria colectiva, son también parte de nuestra historia y formación nacional.

A tres kilómetros de Summit (“cima”), así bautizado en 1854 por la Panama Railroad, cerca de la división continental en Culebra ---después épicamente rebanada y atravesada---, está el Sendero del Charco. El recorrido de cinco minutos lleva a una cristalina cascada en el medio de la selva. La señalización, oxidada y en inglés, es reliquia de otra era. Muy cerca, el Canopy Tower ofrece excursiones a los turistas y hospedaje a observadores de aves, con una vista espectacular del canal y el bosque tropical húmedo.

Admirando el dosel desde la torre en Panama Rainforest Discovery Center. Expandir Imagen
Admirando el dosel desde la torre en Panama Rainforest Discovery Center.

Al llegar a Gamboa el viejo faro fuera de servicio nos da la bienvenida. La gigantesca grúa “Titán”, fabricada por la Alemania nazi, nos espera al lado del canal para revelar sus secretos. Según dicen, guarda marcas de esvásticas en sus apoyos. La grúa está programada para ser retirada en 2025. Debemos guardarla como pieza de interés histórico para el turismo que juntos vamos a desarrollar.

En el Camino del Oleoducto el Panama Rainforest Discovery Center preserva 20 hectáreas para la observación de aves.  Los senderos son fáciles y accesibles a personas de todas las edades. Una magnífica torre de 40 metros permite otear el infinito horizonte sobre el dosel forestal. Un centro construido con materiales ecoamigables atrae a colibríes, para fascinación de niños, ornitólogos y fotógrafos.

¿Cuántos extranjeros, turistas o residentes, visitan nuestros parques?

La atenta colaboradora que nos recibe en el Parque Metropolitano explica: “durante la semana, la mayoría de los visitantes son extranjeros, unos 30 por día; pero aún durante el fin de semana, casi la mitad son extranjeros”.  Nuestra caminata dominical lo corrobora: canadienses, estadounidenses, argentinos, alemanes, colombianos. Insertarse en los sonidos, aromas y vistas de la selva tropical por caminos seguros provee una experiencia inexistente en sus países.

Beatriz Schmitt, Presidenta de Fundación Avifauna, que administra al Panama Rainforest Discovery Center, acota: “Panamá no necesita de grandes infraestructuras turísticas; sólo promoverse como destino ecológico a través de las redes. El producto ya lo tenemos”.  

Mapa de los parques. Expandir Imagen
Mapa de los parques.

Las grandes ciudades tienen sus parques icónicos: Central Park en Nueva York, Chapultepec en México, El Retiro en Madrid. El destino quiso ubicarnos cerca de la selva más vasta de América fuera del Amazonas, con la alternancia de sol y lluvia como aliada. Nuestros parques, en consecuencia, son ejemplos del bosque húmedo tropical: en vez de elegantes fuentes hay lagunas y cascadas; en vez de venerables estatuas, vociferantes monos aulladores.

Atrás quedaron los avisos de Do Not Trespass. Ahora la señalización da la bienvenida al visitante y lo lleva de la mano. ¡Conozcamos nuestros tesoros! rejimeneze@hotmail.com

"El Castillo" en el Camino del Mono Tití, parque Metropolitano. Expandir Imagen
"El Castillo" en el Camino del Mono Tití, parque Metropolitano.

Comentarios

Cerrar

La función de comentar está disponible solo para usuarios suscriptores. Lo invitamos a suscribirse y obtener todos los beneficios del Club La Prensa o, si ya es suscriptor, a ingresar.

Suscríbase gratis por 30 días Prueba
Adquiera un plan de suscripción Suscríbase
Cerrar

Por favor introduzca el apodo o nickname que desea que aparezca en sus comentarios:

Comentar 0 comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Corporación La Prensa, S.A.

Sobre el autor

  • Raúl Ernesto Jiménez E. Raúl Ernesto Jiménez E.

    Ciudadano Panameño, aficionado a la historia y la cultura. Es ingeniero industrial con maestría en administración de empresas. Miembro de Juntas Directivas de hoteles en Panamá. Desde enero de 2018 es secretario de Asociación Panameña de Hoteles (Apatel).

Sobre el blog

  • ¿Quién dijo que en Panamá 'no hay nada que hacer'? ¿Quién dijo que en Panamá 'no hay nada que hacer'?

    Hace unos meses, un buen amigo colaborador de una multinacional y panameño como yo, me confió: “En Panamá no hay nada que hacer. Una familia quería venir a visitarnos por cinco días, pero yo le dije que mejor agendara solo dos”.Su opinión me conmovió. Contrastaba totalmente con la mía. He sido afortunado en conocer rincones espectaculares en todo nuestro país, acompañados de historias que maravillan. Además, el destino me ha permitido conocer culturas en cuatro continentes. Ello,  espero, me ayuda a posicionar nuestras atracciones en su justa perspectiva, alejadas del chauvinismo simplón y más cerca del gusto del variopinto público internacional.Pero algo de razón tenía mi amigo: Panamá está llena de tesoros, pero en la mayoría de los casos ni nosotros los conocemos. Como diamantes en bruto, necesitan pulirse, atenderse con interés, rescatarse y ponerse en valor. Necesitamos presentarnos ante el mundo y contar nuestra historia. Y también, cómo no, aprender qué es lo que busca ese turismo de hoy, que en la mayoría de los casos no es lo que imaginamos.  Esta serie tiene el objetivo de resaltar nuestros atractivos para el nuevo turismo internacional, sencillo pero exigente, masivo pero crecientemente culto, alejado de los rascacielos y cercano a la esencia humana. Me anima el contribuir a la recuperación del turismo hacia nuestro país con un enfoque constructivo y actualizado. Es un grano de arena que se une, ojalá, a los de 4 millones de compatriotas.