El español está imparable. Lo hablan cerca de 500 millones de personas, y en el ámbito mundial es la segunda lengua más extendida, solo le gana el chino.
Sí, vence al inglés, el actual idioma comercial por excelencia. Su avance es tan notorio, que apenas hace seis años, el español estaba en la cuarta posición entre los idiomas más hablados. Como si fuera poco, 18 millones de personas lo estudian en el planeta como lengua extranjera.
Pero, ¿cómo anda su habla y su escritura en Iberoamérica? La respuesta corre por algunos participantes del VI Congreso Internacional de la Lengua Española.
El escritor nicaragüense Sergio Ramírez, columnista de La Prensa, es del parecer que Centroamérica está sujeta “a los cambios que impone la modernidad tecnológica, que influye en el idioma lo mismo que influyen las nuevas formas de comunicación, además de que siempre hemos sido una región de tránsito, de mezclas culturales”.
Rosa Montero, escritora española, plantea que “siempre hay voces catastrofistas diciendo que se está perdiendo el uso del idioma y que se está empobreciendo y demás, pero yo no estoy de acuerdo en absoluto”.
“Las lenguas están siempre en evolución, si no evoluciona es una lengua muerta, y cuanto más activa sea la sociedad, más rica y viva será esa lengua. La situación en España ahora mismo no es óptima, pero tampoco es mala”, agrega Montero.
Otro que ve el vaso medio lleno es el novelista colombiano Héctor Abad Faciolince. “Los idiomas, mientras los hable la gente por la calle, están siempre saludables. Mientras nos entendamos sin esfuerzo y sin tener que explicar cada cosa que decimos, así vivamos a 10 mil kilómetros de distancia, la lengua está viva, así sea variada y muy mudable”.
“Lo bonito del español es que no se habla igual en todas partes ni con el mismo acento ni con las mismas palabras: eso le da su vigor y su fuerza. Por eso también es importante encontrarnos: para repasar las pocas cosas que no decimos de la misma manera, y aprendérnoslas”, agrega Faciolince.
“El corazón de una lengua es la gramática. Mientras haya una estructura gramatical estable, la lengua se va a mantener. Los frutos que acompañen ese árbol pueden cambiar. La historia nos muestra que las lenguas se enriquecen con aportes de otras. Me parece inútil y absurdo defender la pretendida pureza de un idioma”, indica, por su lado, Alonso Cueto, escritor peruano.
El escritor mexicano Carlos Chimal propone “dominar su vigor y, al mismo tiempo, salir de su inercia frente al posmodernismo, incluso ante tendencias modernistas que ya rindieron cuentas a lo largo del siglo XX. Un síntoma es la obsesión por el efecto mediático; otro es la pasividad frente a neologismos y modas artísticas emanados de lenguas y preocupaciones estéticas adquiridas ad libitum y por puro apetito de la novedad y lo exótico. Vencer la colonización lingüística solo se dará en la medida que nuestros pueblos eleven su cultura científica y tecnológica”.
El español José María Merino lleva años visitando centros docentes, porque es autor de libros para jóvenes lectores, y “advierto en los escolares un progresivo empobrecimiento léxico. Se habla peor que cuando yo tenía esa edad, con menos recursos”.
J.J. Armas Marcelo, escritor y columnista de La Prensa, opina que se debe tener cuidado con la influencia de los medios informativos audiovisuales, la que define como “grande y calamitosa”.
Sobre la enseñanza de la gramática en España, dice que “ha bajado en calidad, se ha perdido la hidalguía de la lengua en las aulas de segunda enseñanza. Ahora no se exige al alumno casi nada, de modo que el hipotético y siempre minoritario lector cada vez se exige menos en la lectura de alta literatura. Eso resulta al final un empobrecimiento de la lengua cotidiana terrible. En los medios informativos se habla mal y se escribe peor. Las nuevas tecnologías, incluso, han empeorado la situación y está naciendo un español incomprensible y pobre que no me gusta nada”.
COMBATES
En opinión de Rosa Montero, los retos de la lengua en Latinoamérica y en España son los mismos: “no ceder ante la colonización cultural de otras sociedades más potentes, principalmente de la anglosajona. Lo que pasa es que esto no se consigue por decreto lingüístico. La lengua es la piel de una sociedad, y solo si esa sociedad es lo suficientemente vital y competitiva, y culturalmente rica, podrá la lengua ir inventando nuevos términos para las nuevas necesidades tecnológicas y sociales”.
A Sergio Ramírez le preocupa la modernidad. “No somos creadores de tecnología, y el idioma en que se emplea la tecnología impone sus términos. Esto es inevitable, entonces nos toca asimilar estos términos, adaptarlos y hacerlos propios, de esto no debemos asustarnos, recibimos palabras del inglés como siglos atrás las recibimos del árabe”.
Sergio Ramírez dice que estamos en medio de una “batalla de los teclados, de donde se quiso eliminar la ñ, que es nuestra letra símbolo, y adonde ahora han regresado las aperturas de los signos de interrogación y de admiración que solo el español tiene”.
