Panamá tiene cuatro partidos por delante en esta eliminatoria, cuatro capítulos que definen el rumbo del nuevo Mundial. Y en este momento, cuando abundan las críticas, las comparaciones y los cuestionamientos, hay tres palabras que deben convertirse en bandera para todos: humildad, unión y actitud.
Somos terceros con dos puntos y a dos puntos del líder Surinam... si las cuentas salen bien, Panamá puede llegar a noviembre líder y dependiendo de si mismo. Pero calma que los partidos hay que jugarlos con mente fría y corazón caliente.
Ni los discursos del Bolillo Gómez, ni la presión del Cuscatlán, ni el ruido de los que llaman a la catástrofe deben quebrar a un grupo que tiene trabajo, identidad y recorrido.
La selección de Panamá ha demostrado que sabe competir. Lo que falta es volver a conectar esos tres elementos que hicieron de este país una historia de inspiración en Rusia 2018.
La humildad no puede faltar en ninguna parte involucrada. Ni en los jugadores, ni en el cuerpo técnico, ni en la afición, ni en la prensa. La humildad no significa falta de ambición, significa reconocer que cada punto se suda, que ningún rival es pequeño, que ganar no es un derecho adquirido, sino un esfuerzo colectivo. Significa también aceptar que hay cosas por mejorar, que no siempre se juega bien y que las críticas, cuando son constructivas, ayudan a crecer.
La unión es el combustible que multiplica fuerzas en los momentos difíciles. Un vestuario unido es capaz de superar derrotas, remontar partidos y resistir la adversidad. Una hinchada unida transmite confianza y empuja desde las gradas. Un país unido, como en el proceso hacia Rusia, contagia una vibra tangible y se siente en la cancha.
Y la tercera palabra, actitud, es la que termina marcando la diferencia en la cancha. Puedes tener talento, táctica y experiencia, pero sin actitud y liderazgo es difícil saber a dónde vas. La actitud se refleja en ir a cada balón dividido como si fuera el último, en no bajar los brazos cuando el gol se resiste, en creer que se puede ganar en cualquier estadio, sin importar el nombre del rival. La actitud es contagiosa: cuando uno aprieta, los demás lo siguen; cuando un joven se atreve, inspira al resto.
Quedan cuatro partidos, cuatro finales. No es momento de mirar atrás ni de lamentarse por lo que no se logró en septiembre. Es momento de mirar al frente con humildad para aprender, con unión para resistir y con actitud para pelear. Panamá tiene los jugadores, tiene el cuerpo técnico y tiene la afición. Solo falta que esas tres palabras dejen de ser un discurso y se conviertan en práctica.
Porque al final, los estadios más hostiles, los rivales más experimentados y los técnicos más mañosos no pueden contra un equipo que se planta con humildad, se sostiene con unión y se desgarra con actitud. Y eso, justamente, es lo que Panamá necesita mostrar en lo que resta de la eliminatoria.
