Este último año, numerosos han sido los actos que han celebrado el V centenario del descubrimiento del mar del Sur por Vasco Núñez de Balboa: el partido de fútbol entre la selección panameña y española en el marco de la Copa V centenario, la restauración y producción de la pila bautismal de Balboa en Jerez de los Caballeros (España), la Ruta Quetzal BBVA 2013 y el Congreso Académico Internacional del océano Pacífico, entre otros.
Estos actos conmemorativos fueron precedidos de muchos otros en el siglo XX. Uno de los más destacables fue el establecimiento del monumento a Vasco Núñez de Balboa en la avenida que llevaba su nombre en 1924.
El conjunto monumental, que en la actualidad se encuentra en la cinta costera, fue un regalo del rey Alfonso XIII a Panamá y tiene una fuerte carga simbólica que es pertinente analizar en estos días de exaltación de los mitos fundacionales de la nación panameña.
Como ya mostraba la maqueta que sirvió para elaborar la obra, el conjunto se divide en dos partes, una primera, en lo alto, en la que “Balboa aparece cubierto de la armadura, arrogante en la gallarda actitud que corresponde a la nobleza y firmeza de carácter de la raza castellana”, y una segunda, en la base, en la que se muestra “el globo terrestre ceñido por cuatro figuras atléticas, las manos enlazadas, que representan la población humana en sus principales troncos étnicos: blanco, amarillo, cobrizo y negro”.
La imagen que revela el conjunto escultórico es, sin lugar a dudas, fruto de una época en la que se veneraba a los conquistadores y se asumía la existencia de razas. Si bien sobre lo primero, a simple vista no parece haber muchos cambios en el contexto panameño, sobre lo segundo debemos puntualizar que la idea de raza ha sido fuertemente cuestionada tanto por las ciencias sociales como naturales.
Durante la segunda mitad del siglo XX, la antropología mostró que la categoría “raza” era una construcción social y no obedecía a diferencias objetivas entre los humanos, sino a voluntades diferenciadoras.
En los últimos años, los estudios genéticos también han abandonado las categorías raciales y han mostrado que la variabilidad genética entre personas de distinto color es insignificante. Las razas no existen. Solo existe una sola raza, la humana.
Todos los humanos pertenecemos al mismo repertorio común. Por lo tanto, se hace evidente que la voluntad de diferenciación racial solo obedece a las lógicas de dominación.
Dejando de lado las dinámicas políticas y representaciones que comporta la celebración de la aventura de Balboa, no podemos negar que tal como escribió Stefan Zweig, fue “un momento estelar de la humanidad”. La conquista del mar del Sur marcó el destino de los habitantes del istmo y de la humanidad hasta el presente. A partir de este momento se estableció una división clara entre “vencedores y vencidos”, “conquistadores y conquistados” o “civilizados y salvajes”.
No obstante, después de cinco siglos de intentos de conquista y dominación, los pueblos indígenas de Panamá siguen luchando por mantener sus formas de gobierno y territorios. Reclaman enérgicamente un reconocimiento público de su protagonismo histórico. No quieren ser ignorados ni por los mitos nacionales ni por los libros de historia. Desean ser considerados sujetos históricos y no simples guías o poblaciones racializadas. Por este motivo los ancianos cantan la historia de su pueblo en sus aldeas y algunos jóvenes, como los integrantes del grupo de rap Kuna Revolution, cantan para no olvidar las principales figuras de la resistencia indígena durante la conquista.
Los pueblos indígenas del istmo son visionarios. Han logrado sobrevivir sin conquistar ni atentar contra la vida de otros seres, ni tan solo en contra de los no humanos, con quienes comparten una misma posición en el mundo.
Como han mostrado antropólogos como Philippe Descola y Eduardo Viveiros de Castro, para muchas sociedades indígenas del continente la intencionalidad y la conciencia reflexiva no son atributos exclusivamente humanos.
En estas sociedades no pueden existir ni los descubrimientos ni las conquistas ni las razas. Las lógicas de dominación no son la norma. Los humanos mantienen relaciones potencialmente reversibles (intercambio, depredación) con los colectivos no humanos. Humanos y no humanos no tienen una naturaleza distinta, comparten la misma interioridad, solo difieren en su lenguaje y forma corporal.
FUENTES
Editor: Ricardo López Arias.
Textos: Mónica Martínez Mauri. Profesora de Antropología. Universidad de Barcelona.
Fotografías: Colección RLA/AVSU
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