En los montajes que se realizan en los colegios secundarios o que son llevados a cabo por alguna comunidad, es decir en los que participan actores y técnicos que no siempre son profesionales en el arte teatral, el espectador puede caer en la tentación, o en el prejuicio, de pensar que siempre se trata de un trabajo cuyo resultado debe ser artesanal.
En ocasiones, ver este tipo de propuestas es conformarse con lo que se ofrece y nada más, ya que es injusto exigirle un alto nivel a quien no ha dedicado años de estudio y preparación en ese oficio de contar una historia en proscenio.
También se dan casos en que uno como espectador se enfrenta a un público demasiado bondadoso, quizás porque a quien ve en escena es a un familiar o amigo suyo que hace su mejor esfuerzo.
Lo que vi el viernes pasado en Cats, una óptima puesta en escena que se presenta hasta hoy domingo en el teatro del colegio San Agustín, fue sorprendente.
Cada aplauso que recibieron los responsables de este trabajo al final del show fue más que merecido, ya que fue una labor realmente asombrosa y estimulante, que tiene poco que pedirle a los musicales que se presentan en las salas comerciales de este país.
Esta historia sobre gatos tan humanos como sus dueños mantuvo un ritmo preciso, una atmósfera envolvente, una música a la altura y un elenco comprometido, lo que dio como resultado un espectáculo vibrante y divertido, que nunca perdió el rumbo y que me hizo olvidar que la función se inició con bastante demora.
Este maravilloso trabajo se hizo posible gracias a una destacada dirección de Edwin Cedeño (director), la precisa dirección musical de Dino Nugent y su orquesta, con las óptimas coreografías de Yilca Arosemena y la sabia producción de Alida Gerbaud de Fábrega.
También una ovación no solo para los ocho actores profesionales que participaron en Cats, sino también para los niños y adultos que residen, estudian o trabajan en Costa del Este y que también formaron parte de esta iniciativa.

