BOGOTÁ, Colombia. (EFE). -La joven Alianza del Pacífico, la estrella ascendente de la integración latinoamericana, logró en su primer año de vida oficial importantes avances, mientras otros mecanismos regionales más antiguos, como la Comunidad Andina y el Mercosur, perdían ímpetu por crisis internas.
Fundada formalmente en junio de 2012 por Chile, Colombia, México y Perú, y con Costa Rica y Panamá en la antesala de ingreso, la Alianza de Pacífico tiene la pretensión de aplicar buenas prácticas políticas, buscar la equidad social en América Latina, la región más desigual del mundo, fortalecer el comercio entre los socios y mirar a Asia, Estados Unidos, la Unión Europea y otros grandes mercados.
El joven esquema de integración moviliza el 50% de los intercambios en América Latina, representa el 36% del PIB regional y ya ha acordado liberalizar el 90% de su comercio interno.
El número de países que han logrado el estatus de observadores ha crecido rápidamente y ya lo son Australia, Canadá, Ecuador, España, El Salvador, Guatemala, Francia, Honduras, Holanda, Italia, Japón, Nueva Zelanda, Paraguay, Portugal, Reino Unido, República Dominicana, Suiza y Uruguay.
Los elogios al pragmatismo y la apuesta por el libre comercio que han hecho estos cuatro países del litoral pacífico se multiplican, pero también han tenido que enfrentar críticas y recelos en su corta historia, especialmente de parte de sus vecinos de la Alianza Bolivariana (ALBA), pero también de otros frentes.
"No podemos aceptar en el siglo XXI, cuando Europa actúa como un todo, que aquí entendamos que los países del Pacífico somos unos, los del Atlántico son otros y (que) tenemos intereses distintos", señaló el expresidente chileno Ricardo Lagos en un seminario celebrado en noviembre en Santiago. Chile, Colombia, México y Perú niegan que ese sea el espíritu de la Alianza del Pacífico.
También rechazan las acusaciones del presidente boliviano, Evo Morales, y otros mandatarios de la ALBA de que ese foro está impulsado por EU. para "dividir" a los países latinoamericanos y solo busca hacer negocios, no reducir la pobreza y la desigualdad.
"Ni somos mandados por nadie (en alusión a EU.) ni estamos pensando en desunir", fue la respuesta de la canciller colombiana, María Ángela Holguín, tras una de las andanadas.
El presidente chileno, Sebastián Piñera, también respondió a las críticas el pasado septiembre en Nueva York, donde la Alianza del PacÍfico se presentó a los inversionistas internacionales.
"Hay la idea de que existe un conflicto entre el libre comercio y nuestra guerra contra la pobreza y la desigualdad, y estoy en desacuerdo.
La Alianza del Pacífico no es la meta, es una manera de alcanzar nuestra meta, que es acabar con el subdesarrollo y con la pobreza", dijo.
Según sus documentos oficiales, la Alianza del Pacífico tiene como objetivos impulsar un mayor crecimiento, desarrollo y competitividad de las economías entre sus miembros.
También busca convertirse en una plataforma de articulación política, de integración económica y comercial y de proyección al mundo, con especial énfasis en Asia-pacífico, región que representa alrededor del 54% del PIB y el 44% del comercio mundial.

