EL CANAL DE TODOS

Panamá vive a través de su Canal

Panamá vive a través de su Canal
Panamá vive a través de su Canal

Panamá es su Canal y el Canal es Panamá. La historia de esa pequeña franja de tierra ha estado marcada por la colosal estructura de ingeniería desde su inicio como República en 1903. La expansión de la ruta, inaugurada ayer, le traza el futuro al país con el ambicioso plan de comercialización del tercer juego de esclusas.

Unas 15 mil almas están eufóricas, emocionadas y felices en las esclusas de Cocolí. Ansiedad, emoción y orgullo patriótico a flor de piel. Son el espejo de la esperanza de más de 4 millones de habitantes con una obra que supone dejarle al país ingresos multimillonarios y que la posiciona como la ruta marítima mundial.

Miles de panameños esperan por más de ocho horas la llegada del Cosco Shipping Panamá a Cocolí, el primer navío en cruzar la parte ampliada del Canal. Pasó primero por las esclusas de Agua Clara, Colón. Su tránsito cristaliza el monumental trabajo de 9 años del programa de expansión y los 20 de esfuerzos si se computan los estudios de factibilidad.

Como lo explica María Navarro, de 61 años y quien llegó a las nuevas esclusas del Pacífico sobre las 8:30 a.m.: “¡Qué importan las horas de espera!”. Y baila al ritmo de la música de salsa transmitida por las múltiples bocinas dispuestas para la celebración. Ondea una bandera de Panamá, y María no puede parar de sonreír.

Pero tal vez la explicación de Ana, otra panameña que aguarda desde temprano, resume el sentimiento común de varias generaciones: “No vimos la inauguración del primer Canal, por eso hay que vivir este. Hay que ser parte de la historia”. A sus 40 años asegura que nunca pensó vivir la experiencia de hoy. Tres amigas la acompañan y asienten como en una coreografía.

Panamá estrena, con un atraso de 19 meses, una nueva era con la activación de una obra que se pactó en contratos por 5 mil 250 millones de dólares.Es la 1:00 p.m. y la lluvia cae en un Cocolí industrializado y futurista por la extensión del Canal, aquel que antes no existía. La humedad es fulminante: 82%.

Pero los panameños, felices siempre con el calor de su trópico, no dejan de hablar y de bailar, y esperan con entusiasmo al Cosco Shipping Panamá. Es una imagen muy parecida, en emotividad, a aquella inmortalizada en la memoria de una nación el 31 de diciembre de 1999, cuando la vía interoceánica pasó a manos panameñas de parte del Gobierno de Estados Unidos.

El tiempo regresa a los altoparlantes que flanqueaban las escalinatas del edificio de la Administración del Canal, ese 31 de diciembre antes del cambio de siglo. Desde las bocinas sale la voz de Rubén Blades con la canción Patria, el “himno” con el que los fulgores de gloria erizan la piel.

La lluvia dura unos instantes. Siguen el reguetón, melodías de Fonseca y canciones de Olga Tañón. Son el Caribe, la América del Sur y la fuerza femenina, o las señales de la diversidad habitual de un pueblo crisol de razas que llegó a su cúspide precisamente con la construcción del Canal original.

En su edificación intervinieron los franceses, y más tarde los estadounidenses, quienes concluyeron una obra modelo para la humanidad, de la mano, más que nada, de trabajadores de las Antillas, principalmente de Barbados.

“Panamá lo logró”, dicen varias voces espontáneas, algunas de ellas de jóvenes, como para contrastar la vez de la visita al istmo de Ferdinand de Lesseps en 1880, y entonces dar la primera palada simbólica de una obra que iba a tomar 35 años en terminarse y cambiar para siempre los flujos del comercio mundial.Un enorme escenario justo bajo la torre de control de Cocolí sirve para refugiar al público del imponente sol. La humedad tampoco ayuda y, qué más da, parece decir el rostro de las personas.

A lo largo y en paralelo de la cámara media de la esclusa se encuentran cinco grandes monitores encargados de la transmisión en directo de la fiesta allá en Colón, donde el buque neopanamax inició su tránsito en las primeras horas de la mañana.

Acá en Cocolí, ocho horas después, con el buque en las narices, la gente ve a los pasacables asegurando la embarcación. Los remolcadores la empujan. Es un espectáculo inédito apreciado con el asombro de quien da un beso por primera vez.

Pero la fase del esclusaje por el Canal es lenta y no se supone que pase algo extraordinario. Los chiricanos Rodrigo Farrugia y Doris Nieto Marín, ambos de 52 años, bailan al ritmo de Juan Luis Guerra y su “visa para un sueño”.

“El orgullo se siente hasta en los huesos, por las lágrimas y el sudor de los que levantaron esto”, subraya Rodrigo con la cara colorada y el sudor por las mejillas.

Panamá vive a través de su Canal
Panamá vive a través de su Canal

En un intento por hacer que pase rápido el tiempo, el recurso de los visitantes son las ya viejas y queridas selfis. La postal se repite invariablemente con la torre de control al fondo.

Corrió mucha agua para que la Administración del Canal de Panamá (ACP) viera culminada una obra aprobada por los panameños el 22 de octubre 2006 a través de un referéndum.

El tercer juego de esclusas permite el paso de buques neopanamax, con capacidad de hasta 14 mil TEU ( unidad equivalente a contenedor de 20 pies). Es decir que el Canal ampliado tiene la capacidad de atender el 98% de la flota mundial de navíos.

La obra se concluyó después de casi una década de trabajos tras superar los conflictos con Grupo Unidos por el Canal (GUPC), el principal contratista del programa que tuvo a su cargo el diseño y la construcción del tercer juego de esclusas.

La ampliación del Canal incluyó el dragado y profundización en los dos lados de la vía acuática, en el Atlántico y el Pacífico, y el ensanche del Corte Culebra, la zanja abierta con pico y pala por los franceses que abandonaron más tarde con una empresa interoceánica en quiebra y más de 6 mil muertos al otro lado del océano.

Más allá, en la cámara baja, otro grupo de miles de personas espera la llegada del buque de la naviera china. Allá y acá todo se ve blanco, azul y rojo: son las sombrillas obsequio de la administración del Canal para soportar el calor y esquivar la lluvia que hace un rato refrescó la tarde. El Cosco Shipping Panamá entró al cauce de acceso de las esclusas de Cocolí a las 2:58 p.m. El buque con 9 mil 400 contenedores se acerca para atravesar el corazón de los panameños y la espina dorsal de su economía.

A las 4:45 p.m. el navío estaba ya en la cámara alta. El capitán suena su bocina con tres toques celestiales y la muchedumbre de un país orgulloso grita “¡Viva!”.

Los testigos de la hazaña esperan que la mole de acero se mueva más rápido, mientras las delegaciones oficiales de los países invitados, la junta directiva del Canal, su administrador, Jorge Luis Quijano, y el presidente Juan Carlos Varela aparecen en el imponente escenario para dar inicio a la clausura de los actos protocolares de la inauguración del tercer juego de esclusas.

La diversidad profunda del país que abraza una obra y la comparte con el mundo entero se refleja en la intervención de los representantes de varias religiones con arraigo en Panamá.

Habla el presidente de la directiva del Canal, Roberto Roy; el administrador Quijano y el presidente Varela.

Quijano recibió aplausos al por mayor. Su discurso lleva la fuerza de un líder que día a día empuja una institución integrada por 10 mil personas. Cierra los puños. Abre los brazos como quien agarra al mundo. Y respira hondo. Se le ve contento. Su discurso lleva nostalgia, historia y una mirada visionaria.

Habla de los cerca de 40 mil hombres y mujeres, entre panameños y extranjeros de 79 naciones, que volcaron todo su talento y conocimientos en la obra más grandiosa del último siglo. 

También se refiere a la voluntad que tuvieron los panameños, esa que los llevó a soñar en grande y aprobar por mayoría absoluta la construcción del tercer juego de esclusas. “Construir con pasión y administrar con éxito el Canal ampliado que hoy inauguramos para Panamá y para todas las naciones”.

Con información de Luis Germán Bellini

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