Los criterios ESG (Ambientales, sociales y de gobernanza por sus sus siglas en inglés) llegaron para quedarse.
La politización de la gestión ESG en las empresas ha generado todo tipo de reacciones. Algunos analistas consideran que las empresas que aparentan ser ESG están minando la credibilidad de los reportes.
Aparte, surgen voces que predicen que es una moda y lo asocian al capitalismo “woke”, un término que –desde la perspectiva corporativa– puede entenderse como “socialismo empresarial”.
El famoso inversionista Peter Thiel –cofundador de PayPal con Elon Musk, inversor inicial en Facebook, calificó ESG como una “fábrica de odio para señalar enemigos” y consideró como “falsas” las inversiones con enfoque ambiental.
Vivek Ramaswamy –autor del libro Woke, Inc: Inside Corporate America’s Social Justice Scam, ha alimentado esta conversación al decir que ESG es una estafa tras la salida de Tesla del índice ESG del S&P 500 en el año 2022.
Desde mi perspectiva, ESG representa una contribución sustancial para el futuro empresarial, el liderazgo responsable y la gestión de riesgos. Es cierto que hay que afinar algunos temas; pero la ética, la sostenibilidad y la transparencia no riñen con la rentabilidad.
Los temas relacionados con la sostenibilidad son complejos y multifacéticos. La información no financiera no es fácil de medir, pero en la actualidad existen softwares que contribuyen a llevar un control más cuidadoso de los avances en la materia.
La gran cantidad de estándares y la heterogeneidad de las prácticas sostenibles están afectando la credibilidad de los reportes e impiden comparar el desempeño entre empresas y sectores.
Esta fragmentación limita la capacidad de los inversores y otros grupos de interés para evaluar el desempeño ESG de las empresas y es parte de las críticas que hacen los grupos anti ESG.
Frente a estas diferencias, las empresas son cada vez más cuidadosas al compartir información sobre su desempeño sostenible por la inquietud de exponer debilidades o áreas en las que la empresa necesita mejorar, lo que puede ser incómodo o difícil de abordar.
Aunque algunos temas ESG pueden ser complejos, la doble materialidad es un recurso fundamental para enfocar los esfuerzos y abordar los temas más relevantes para ir progresando de forma sostenida. Uno de los aspectos más críticos y que lo será en el futuro es identificar y abordar los impactos indirectos y a largo plazo.
La integración efectiva de los criterios ESG requiere de un proceso de cambio organizacional y una evolución de la cultura corporativa, lo cual puede generar resistencia interna y de los propios accionistas.
ESG, o como usted quiera denominar los compromisos sociales, ambientales y de gobernanza de las empresas, será la vara para medir el desempeño corporativo en los próximos años.
Supone el comienzo de una nueva era de gestión empresarial que estará marcada por organizaciones con una cosmovisión más amplia, siempre con el foco natural de generar progreso y riqueza, pero también conscientes de su rol como agentes de cambio positivo para la sociedad.
El autor es Fundador de Semiotik Consulting. Consultor en reputación corporativa, comunicación estratégica y gestión de riesgos

