La reciente decisión del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) de declarar cumplidos de forma sustancial los 15 puntos exigidos al país para salir de ese purgatorio global que es su lista gris, es algo que debemos celebrar.
Así se abre paso a la visita técnica in situ en septiembre y, de mantenerse el buen paso, todo apunta, por fin, a dejar atrás este año este largo y pesado capítulo que nos tiene, de forma casi caricaturesca, pero que nada tiene de cómica, haciéndole compañía a más de un estado fallido, cosa que estamos muy lejos de ser.
No ha sido fácil. El cumplimiento sostenido de los requerimientos de GAFI comporta, para bien y para mal, cambios existenciales en muchas de las prácticas de la plaza, tanto en lo financiero como en el ámbito legal y hasta político.
Y no nos engañemos. Hay cosas de fondo discutibles en lo exigido, pero esos debates y esas peleas, si caben, se libran mejor dentro del sistema, no fuera de él. El punto es que lo que nos llegó en su momento desde París, y no precisamente colgando del pico de una cigüeña, había que cumplirlo, porque el ente tiene el poder certificador que necesitamos para crecer y nosotros, en un mundo globalizado, no nos gobernamos solos.
Con la evolución en prácticas y el mejoramiento reputacional que conlleva salir de la lista gris, el sector financiero local se beneficiará enormemente con la llegada de nuevos socios y competidores, elevando así el nivel del Centro Bancario Internacional, el cual lo tiene todo para ser líder indiscutible de la región y constituirse, con mucho trabajo de bien, en un eslabón crítico dentro del ecosistema financiero continental.
Es que haber seguido la saga de GAFI y Panamá todos estos años, y preocuparse por las implicaciones de esta danza, es entender a la economía del país y no prurito esotérico de especialistas.
Somos una economía de servicios y el sistema circulatorio, y hasta el corazón, de esa economía de servicios es nuestro sistema bancario, el cual estaba en el ojo del huracán, condenado a no poder desarrollar todo su magnífico potencial debido al techo teórico, a su crecimiento que está implícito en esa Letra Escarlata plasmada en el pecho que, al final del día, es la Lista Gris.
Ya en vísperas, si todo sale bien, de superar esa prueba, el límite a lo que podemos hacer, nos lo ponemos nosotros mismos y somos más dueños de nuestro propio destino. No se puede pedir más.
El autor es financista

