Panamá continúa mostrando el menor crecimiento crediticio de la región, advierte Moody’s Local en análisis publicado esta semana sobre las tendencias del crédito en Centroamérica y República Dominicana.
“El crédito bancario en Centroamérica y República Dominicana mantiene una tendencia de crecimiento en 2026, aunque con una moderación en casi todos los mercados, luego de períodos de crecimiento alto”, indica la agencia calificadora.
Precisa que el consumo continúa siendo un sector relevante de este crecimiento, respaldado por la demanda y el apetito de la banca por segmentos de mayor retorno, aunque en algunos países su expansión se ha moderado ante una gestión más prudente del riesgo crediticio.
La presiones inflacionarias, una economía con crecimiento más moderado, el temor a mayores tasas de interés y una politica crediticia más conservadora puede estar marcado la dinámica del sector financiero para otorgar créditos en la región.
En el caso puntual de Panamá Moody’s Local señala que el ritmo de expansión de la cartera total mostró un alza en el primer semestre de 2026, ritmo que, de mantenerse, implicaría un crecimiento cercano a 4.4% al cierre del año, frente al 2.9% en 2025.

Indica que en 2026, la cartera local y la extranjera muestran ritmos de crecimiento similares, en contraste con lo observado entre 2023 y 2025, cuando la cartera extranjera creció en promedio 12.1%, frente a 3.1% de la cartera local.
Mientras que los créditos locales destacan por la estabilidad de su composición sectorial. Entre 2023 y junio de 2026, la mezcla de cartera se mantuvo estable, liderada por hipotecas (33%), consumo (23%) y comercio (21%).

En contraste con otros mercados, el crédito bancario en Panamá ha mostrado un menor dinamismo, mientras que países como El Salvador, Honduras y Nicaragua registran tasas de crecimiento superiores, aunque con señales de moderación respecto a años anteriores.
El Salvador destaca entre los mercados de mayor crecimiento crediticio, con una expansión que podría aproximarse al 10% al cierre de 2026, según Moody’s Local.
Desde 2023, los sectores de comercio, consumo, servicios y construcción han impulsado el financiamiento bancario, destacándose la construcción como el segmento de mayor crecimiento. Aunque los préstamos de consumo mantienen una expansión relevante, su participación dentro de la cartera ha disminuido.
En Honduras, el crédito muestra señales de recuperación después de la desaceleración registrada en 2025, cuando el aumento de las tasas de interés y la incertidumbre electoral afectaron los financiamientos destinados al comercio, consumo e hipotecas.
Moody’s señala que la actividad industrial también comenzó a recuperar dinamismo durante el primer semestre de 2026. Sin embargo, prevé que el crecimiento no retornará a las elevadas tasas observadas antes de 2025.
Por su parte, Nicaragua experimenta una normalización del crecimiento crediticio, después de que su cartera aumentara a una tasa promedio de 16.6% entre 2023 y 2025.
Durante el primer semestre de 2026, los préstamos crecieron 3.7%, equivalente a un ritmo anualizado cercano al 7.5%. El consumo continúa siendo uno de los principales motores de expansión, al explicar aproximadamente el 65% del incremento de la cartera durante ese período.
Guatemala también muestra una desaceleración del crédito, particularmente en los préstamos de consumo y tarjetas de crédito.
La calificadora explica que el deterioro de la calidad de estos financiamientos llevó a los bancos a adoptar una política de crecimiento más prudente desde 2025.
Incluso, a junio de 2026, el saldo de las tarjetas de crédito registraba una contracción, mientras el crecimiento general de la cartera permanecía por debajo de las tasas de dos dígitos observadas anteriormente.
En República Dominicana, el financiamiento bancario mantiene una tendencia de moderación desde 2024. Al cierre de junio de 2026, la cartera de la banca múltiple había aumentado 3.7% respecto a diciembre de 2025, una evolución que, de mantenerse, podría representar un crecimiento anual cercano al 7.4%.
La desaceleración alcanza segmentos como hipotecas, consumo, comercio, industria y actividades inmobiliarias, mientras que la construcción registra una contracción.
Costa Rica presenta un comportamiento particular, debido al impacto de la apreciación del colón sobre los créditos denominados en moneda extranjera.
A junio de 2026, esta cartera registraba una contracción de 6.4% respecto al cierre de 2025, mientras los préstamos en moneda local crecían 1.6%.
Moody’s aclara que la reducción de los saldos expresados en moneda local no necesariamente significa una menor demanda de financiamiento, ya que los balances de la banca privada expresados en dólares muestran una evolución estable.
Morosidad y depósitos
Pese a la moderación del crecimiento crediticio, Moody’s Local destaca que la calidad de las carteras bancarias permanece relativamente estable en Centroamérica y República Dominicana, aunque existen diferencias en los niveles de morosidad y cobertura de reservas.
En Panamá, los créditos vencidos disminuyeron de 2.6% a 2.3% a junio de 2026, mientras la cobertura de reservas se mantuvo alrededor de 91%, por debajo de los demás países centroamericanos.
La calificadora aclara que esta diferencia está influenciada por la aplicación de la norma NIIF 9, que establece provisiones basadas en las pérdidas crediticias esperadas.
República Dominicana presenta uno de los indicadores más favorables de calidad de cartera, con créditos vencidos equivalentes al 1.1% y una cobertura de reservas de 313.5%. Nicaragua, por su parte, registra una cobertura de 321.9%, la más elevada de la región.
Otro elemento destacado en el informe es el crecimiento de los depósitos bancarios, que ha permitido a varios sistemas financieros reducir su dependencia del financiamiento institucional y mantener niveles adecuados de liquidez.
En Panamá, los depósitos totales aumentaron 3.4% durante el primer semestre de 2026, respecto al cierre de 2025, mientras los activos líquidos representaron el 33.3% de los activos bancarios. Moody’s señala que esta recuperación ha estado acompañada de una menor utilización de financiamientos institucionales.


