Debemos evaluar y pensar de forma más sensata cómo estamos usando los dineros del Estado. Hay dos situaciones. Primero, seguir eternamente subsidiando más de $120 millones al año no es sostenible. Es algo que hemos dejado por sentado y perpetuado como parte de la ecuación eléctrica. No son unos cuantos dólares, son fondos que no estamos utilizando en salud, educación, deporte y muchas cosas más que requiere el pueblo panameño. Han pasado gobiernos tras gobiernos y seguimos este esquema. Sencillamente no está bien. Si esto ocurriera en una empresa, el responsable sería despedido.
La otra situación es que estos fondos fomentan fallas de inclusión ya que no son costo/efectivos. Se determina el uso de subsidios en base al consumo, el cual no considera el tamaño de los hogares, a sus integrantes, o qué equipos tienen. Tal vez estamos subsidiando a un joven trabajador, sin dependientes que simplemente consume menos de 300 kWh al mes porque deja un aire encendido por horas. Y en otra parte del país hay una familia de cinco integrantes que solo tienen algunos bombillos, sin mayores comodidades, tratando de mantenerse debajo de esos 300 kWh para que no le quiten el subsidio. Podemos establecer subsidios por áreas urbanas y rurales, y ejecutar programas de uso de paneles solares para que en lugar de ser subsidiada, la población pueda producir la energía que requiere. “Regálale un pez a una persona y comerá un día. Enséñale a pescar y comerá toda la vida.” Igual es con los subsidios y la energía solar.
El autor es especialista en energías renovables.


