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Los libros de Calidonia

Los libros de Calidonia
Luis Fernando Fraguela

La librería parece pequeña desde afuera. Apenas un pequeño espacio entre dos mostradores de vidrio. Pero detrás está el tesoro. Colecciones de libros nuevos y usados, autores conocidos y anónimos que forman un mosaico cultural amplio e interesante.

Luis Fernando Fraguela es quien está detrás de la Librería Cultural, la única que no pertenece a una cadena y una de las pocas que están fuera de un centro comercial. Ha sido testigo de las transformaciones en los gustos de los y en los estilos de los autores. También ha visto cómo, desde su rincón, la ciudad ha mutado a través de los años.



¿Cómo describiría la ciudad de Panamá?

La ciudad de Panamá, culturalmente, ha venido a través de muchos años intensificando poco a poco el nivel cultural de todos sus ciudadanos. Aunque creo que antes se leía mucho más que ahora. Uno de los factores es internet, ya la gente no acude a bibliotecas, buscan la información más rápido y a través de internet tienen esas opciones, aunque no sea una información cien por ciento veraz, se conforman con eso.



¿Cómo aparece la ciudad de Panamá en los libros panameños?

Aparece poco. Los autores prefieren mucho la campiña, que le atrae mucho al panameño. Como ciudad, hay algunos, pero no muchos.



¿Cuál es su libro favorito de literatura panameña?



El ahogado, lo tengo en la cabecera de la cama, por la realidad y el mito que brota de él y siempre lo deja en suspenso con lo del asesinato.



¿Y sus autores panameños preferidos?

Tristán Solarte, Julio B. Sosa, Joaquín Beleño, Ramón H. Jurado, Justo Arroyo.



¿Cómo describiría la literatura panameña?

La literatura panameña la clasificaría por época. Porque cada período tuvo su momento. Me gusta la de la década de 1950 a 1960, porque es más nacionalista, se rescatan más los valores sociales y nacionalistas. Ahora es más moderna, mucho sobre temas históricos. Las novelas históricas están más de moda que las sociales o las culturales.

¿Desde este rincón de Calidonia, ¿cómo ha cambiado la ciudad?

Ha cambiado favorablemente, a pesar de que el área, sobre todo en Perejil, era un área más segura que ahora. Antes había más establecimientos culturales, más a tono a este sector, como Discolandia. Eran almacenes a tono con la época. Ahora se ha llenado de tiendas, supermercados y abarroterías que antes no estaban.

¿Cuáles han sido los cambios de la ciudad que menos le gustan?

La destrucción de algunos monumentos que se debieron conservar. Como el Instituto Justo Arosemena de casino o la casa de Domingo Díaz, que eran íconos de la ciudad. Y así mismo se han destruido varios otros que formaban parte de la historia. Hay mucha ciudad moderna, pero nada antiguo. Por eso el auge del Casco Viejo, porque se intenta rescatar el patrimonio histórico de la ciudad.

 

¿Y qué le gusta?

Hay varias cosas. La creación de nuevos museos es una de ellas.

 

¿Tiene algún recuerdo de las calles de Panamá?

De pronto añoro momentos cuando era niño, de los carnavales en la avenida central, eran más espectaculares que en cualquier otra zona.



¿Qué ama de la ciudad de Panamá?

Arquitectónicamente, el Casco Viejo. Nada de la ciudad moderna ni de esos bloques de edificio. Por el otro lado, se vive con estrés en la ciudad, pero es una ciudad bonita, que se va modernizando. Y es interesante ver el contraste entre ambos polos.

 

 

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