El esfuerzo de una orquesta

El esfuerzo de una orquesta
El esfuerzo de una orquesta

Para el que no conoce la geografía de La Chorrera, le parecerá difícil el camino hacia el colegio Moisés Castillo Ocaña. Las vías, en plena hora pico, están atestadas de automóviles y peatones, buses y perros callejeros que convierten al distrito en un laberinto angosto y angustioso, en el que es preciso andar con la más afilada cautela, los ojos bien abiertos, impetuosa malicia y la viveza que otorga la experiencia de una vida transitando en estas calles.

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El esfuerzo de una orquesta

Eran las 7:00 p.m. de un miércoles. Las luces tenues fluorescentes del Moisés Castillo Ocaña iluminaban la calle sin nombre y carente de faroles frente a sus puertas. Aún sus alumnos deambulaban con la normalidad que solo brinda la luz del día; algunos uniformados y otros de civil, oyendo a lo lejos y con la indiferencia que convida el celular, la afinación de unos instrumentos.

El dedo de un vigilante en la entrada señaló a la distancia la procedencia del sonido musical que se multiplicaba en la cercanía a la banda Víctor Raúl González.

No se advertía que la orquesta de este colegio era figura referente de las bandas marciales de la capital y del país. Fue fundada en 1972 por el profesor Abdénago Domínguez, dirigida por dos décadas por el profesor Rufino González y su nombre es un homenaje al trompetista fallecido Víctor Raúl González.

Retomando, el gimnasio está a unos 200 metros de la entrada principal, bajando por unas escaleras que parecen simpatizar con el peligro a un resbalón.

De frente al escenario del terreno deportivo, la banda se encontraba en un intento improvisado de formación.

A la inmediata subida del director Ameth Shreeves al escenario, la banda, conformada por 180 jóvenes y repartidos entre 12 diferentes instrumentos, cambió de actitud.

 

Shreeves prepara al colectivo para que se luzca frente a la monarquía y ciudadanía inglesa. La banda Víctor Raúl González del colegio Moisés Castillo Ocaña de La Chorrera será una de las 20 orquestas de todas partes del mundo que irán al Desfile de Año Nuevo de Londres, siendo esta la única representante de Latinoamérica, según el director.

“Se nos dará un período máximo de cinco minutos para presentarnos en una tarima principal, donde estarán las autoridades del desfile. También estaremos un momento frente a la reina Isabel II. Tenemos que llevar un resumen de lo que interpretamos. Ahí verán que podemos tocar música inglesa, como The Beatles y The Rolling Stones, para que se sientan agradados. Sin embargo, el énfasis está en la música panameña y latina”, afirma Shreeves, sobre el repertorio que interpretarán en los tres kilómetros que comprende el recorrido.

Este año se reclutaron músicos nuevos. Desde noviembre del año pasado se empezó a practicar con los estudiantes avanzados, mientras que desde enero se ensaya con los de ingreso.

A pesar de la alegría que provoca esta experiencia, 31 jóvenes de la orquesta no podrán viajar.

“Lamentablemente, no podremos llevarlos a todos”, revela Shreeves. “Hay estudiantes con problemas familiares, y cuando son menores de edad ambos padres tienen que firmar la autorización para sacarlos del país. Nos encontramos con muchos matrimonios destruidos y padres que se han ido y que no los han encontrado. Al no tener la firma de ambos padres, la Cancillería no puede expedir el pasaporte”.

DE ADELE A OSVALDO

A pesar de eso, como todos los días, de lunes a sábado, la orquesta se encontraba completa en su ensayo de 6:30 p.m. a 9:00 p.m.

En el silencio, infundado desde la disciplina, un repique preludió la canción menos imaginada del día: Clocks, de Coldplay.

Hasta la misma sorpresa se pasmó al escuchar la obertura de los xilofonistas y flautistas, que transformaron a sus instrumentos los acordes de la canción que Chris Martin, líder de Coldplay, compuso en el piano.

Si la impresión parecía poca, también sorprendieron con Move like Jagger, de Maroon 5; Rolling in the deep, de Adele; Born this way, de Lady Gaga, y hasta La ventanita, de Sergio Vargas, algunos de los temas forman parte de su repertorio general, acompañado de originales pasos de baile.

“Para Londres llevamos un repertorio muy rico. Estamos trabajando con el conjunto folclórico, conformado por 10 alumnos que también viajarán y bailarán varias piezas folclóricas que interpretaremos, entre ellas Sentimientos del alma, de Osvaldo Ayala”, resaltó Shreeves, y afirmó que el objeto primordial es “llevar a Londres lo que nosotros somos como panameños”.

Muchos de los temas fueron elegidos por los miembros de la orquesta, “buscando un patrón de versatilidad de géneros”, agrega. “Creo que la reina puede llegar a apreciarlo”.

EL PRESUPUESTO

Al momento del anuncio, “hubo una euforia muy grande”, afirma Shreeves. “Eso fue una gritadera cuando se enteraron”.

“Otra reacción a largo plazo fue el ímpetu en los novatos para seguir en la banda y en corto tiempo estaban tocando cosas muy difíciles; lo que quiere decir que se han ido preparando por esta actividad y quieren participar”, dijo.

Son aproximadamente 600 mil dólares los necesarios para sufragar totalmente los gastos del viaje; sin embargo, “el Gobierno nos ha ayudado por medio del Ministerio de Educación (Meduca)”, asegura.

“La ministra de Educación Lucy Molinar, por medio de sus contactos, ha conseguido patrocinios. El Meduca ha puesto un grano de arena bastante sustancial”, advierte.

Los muchachos, por su parte, “han hecho de todo”, dice, desde venta de souvenirs y actividades folclóricas hasta ir a la calle a buscar dinero. La gente de La Chorrera nos ha apoyado sin límites. Sin embargo, faltan unos 100 mil dólares todavía”, afirma.

De poder viajar, la orquesta saldría de Panamá el 26 de diciembre a Londres. Pasaría el Año Nuevo allá y volvería el 3 de enero de 2014.

Antes de ir a Londres, la agrupación tendrá presentaciones hasta el 15 de diciembre. A partir de esa fecha, se espera que los instrumentos viajen a Londres. Sin embargo, la actividad más importante será la que ofrecerán el 24 de noviembre en el mirador del Pacífico de la cinta costera de la ciudad capital.

PREOCUPACIONES Y SACRIFICIOS

“Cuando se trabaja en una banda como esta, uno se da cuenta de que muchos de estos chicos, en su mayoría, son de familias muy humildes”, asegura Shreeves, y trae a colación un aspecto no menos importante: la parte académica.

“Sacrifican mucho tiempo aquí y muchas horas en casa para estudiar, tener sus tareas al día y tener listo el quehacer casero para venir”.

Por eso, la administración del Moisés Castillo Ocaña tuvo que bajar el promedio mínimo para participar en la orquesta a una calificación de 3.8 y un mínimo de 3.5 en cada materia. De reprobar, se le retira del grupo hasta que afiance.

Jesús toca el bombo desde hace dos años. Será la primera vez que sale del país. Los sacrificios, asegura, han sido muchos.

“Cuando salgo de la escuela, voy a casa para comer, reposar y estudiar. No puedo estar todos los días en la banda y debo ir bien en la escuela para que mis papás me dejen venir a practicar. Aquí hacemos muchos sacrificios, porque tratamos de ser profesionales”, dice.

Como Jesús, es la primera vez que Marelys, de 15 años, viaja fuera de sus fronteras. Toca el saxofón desde hace dos años, y cuando le dijeron de ir a Londres “fue una emoción muy grande”.

“Estoy muy emocionada por mi colegio y por mi banda. Ha sido mucho el esfuerzo: ensayar hasta tarde y casi no comparto con mi familia. Pero esta es mi segunda familia”, afirma la joven que cursa el cuarto año de este instituto.

Rubén Montenegro era miembro de la banda y hoy asiste a Ameth Shreeves en la dirección.

“Entré en 1999 a la banda, tocaba el corno francés. Para mí, es un gran sueño porque es la primera vez que Panamá será representada en este desfile, y qué mejor que con mi banda, con la que crecí, donde aprendí a tocar mi instrumento y ahora aprendo sobre dirección”, señala.

Ameth Shreeves concluye que como toda agrupación, la banda Víctor Raúl González del colegio Moisés Castillo Ocaña ha tenido sus limitaciones tanto económicas como de instrumentos y material didáctico. Sin embargo, tanto él como los 149 muchachos no han dudado en poner su fe en algo que no les permitiera rendirse, “en la mano de Dios, la que nos da la fortaleza para vencer estos retos”, asegura.

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