“Por favor... dibújame un cordero”.
El piloto intentaba arreglar el motor de su avión en medio del desierto del Sahara, cuando de pronto escuchó la voz. Cinco palabras: –“por favor... dibújame un cordero”, le dijo un hombrecito.
Con esta absurda petición, el pequeño príncipe entró en la vida del conductor de aviones. Entonces el adulto supo del asteroide B 612, de la rosa, de los volcanes, del cordero... También se enteró de la existencia de un rey, de un vanidoso y de un borracho, entre otros personajes que entretejen una extensa lista de reflexiones y metáforas, camufladas en los hechos simples.
Es una lección de vida repartida en ocho días. Los ochos días en que el aviador compartió con el hombrecito en la intensidad del desierto y en un viaje por seis planetas.
“No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”, es quizá una de las frases más famosas de la obra que escribió el francés Antoine de Saint-Exupéry, un aviador convertido en escritor que murió en un accidente aéreo en 1944. Tenía 44 años, y hacía apenas un corto tiempo había redactado su fantástica fábula.
No conoció la magnitud del éxito de El Principito que ayer, 6 de abril, cumplió 70 años de haber llegado al mundo de las letras. La literatura francesa está de fiesta y también los amantes de este clásico que ha sido traducido a más de 180 lenguas.
En Panamá, algunos miembros de la comunidad gala también recuerdan, con el corazón palpitante, su primer encuentro con el protagonista del asteroide B 612.
EL PRINCIPITO, EL EMBAJADOR Y LA PROFESORA
Hugues Goisbault, embajador de Francia en Panamá, dice, por ejemplo, que lo leyó por primera vez a los 14 años. Y narra que unos años más tarde, cuando volvió al libro, lo entendió desde otra perspectiva.
“Este pequeño tesoro de la filosofía impactó muy fuerte en mi vida. Uno de los hechos que más me marcó es el diálogo que sostiene El Principito con el personaje del zorro cuando declara: ´Lo esencial es invisible para los ojos”, recuerda.
Como anécdota, el diplomático cuenta que su padre, un aviador de la fuerza aérea francesa durante la guerra, conoció al autor de El Principito y de hecho la obra llegó a sus manos como un regalo de su papá.
–¿Conserva alguna edición especial?, le pregunté.
“En cada puesto diplomático viajo con mi biblioteca, que incluye, por supuesto, Le Petit Prince”, contestó.
Magali Delattre, profesora de francés del liceo Paul Gaugin, dice que tiene la impresión de haberlo leído desde siempre. No, la edad en que descubrió este texto por primera vez no importa. Para ella, El Principito ha estado en su tuétano durante toda su existencia.
“Tengo la impresión de que lo conocí casi desde que nací. Forma parte de mi cultura, de la casa de mis padres, de mi infancia, de mis recuerdos. Primero me lo contó mi mamá y empecé a leerlo como a mis siete años. Fue uno de mis primeros libros”, recuerda.
Tiene una edición bastante “vieja”, que era de su mamá cuando estaba chiquita.
“Me gusta porque tiene un olor especial de hojas de los árboles en otoño, el papel tiene una textura y un color que parecen arena”, contó.
Aparte de ese, tiene ediciones en varios idiomas. Uno en portugués, que le regaló un amigo de Brasil, uno en español y otro en alemán.
“Tiene una visión del mundo, valores humanistas y una filosofía que me habla mucho. Una filosofía con palabras de niños, con la poesía del idioma y de los dibujos y con mucha profundidad”, dice Delattre de esta obra.
Tres frases del libro que la marcaron. Una: “cuando mires el cielo por la noche, dado que yo estaré en una de ellas, dado que yo reiré en una de ellas, entonces será para ti como si rieran todas las estrellas. Tú tendrás estrellas que saben reír”.
Dos: “Y volvió a reír. –Y cuando te hayas consolado (siempre se encuentra consuelo) estarás contento de haberme conocido. Serás siempre mi amigo. Tendrás ganas de reír conmigo. Y abrirás de vez en cuando tu ventana, así, por placer... Y tus amigos se sorprenderán de verte reír al mirar el cielo. Entonces les dirás: ´Sí, las estrellas siempre me hacen reír´. Y ellos te creerán loco. Te habré jugado una muy mala pasada... Y volvió a reír”.
Tres: –“Será como si te hubiese dado, en vez de estrellas, montones de pequeños cascabeles que saben reír...”.
EL LIBRO ROBADO
Rodrigo Fernández, un colombiano radicado en Panamá desde hace 15 años, recuerda que la primera vez que leyó el clásico de Saint-Exupéry tenía unos 12 años. Había ido a la biblioteca del barrio donde creció y encontró el libro. Lo ojeó, vio los planetas en blanco y negro, la flor solitaria, las estrellas de distintos tamaños y las letras grandes de esta obra de pocas páginas.
El relato de ese hombre adulto atrapado en la mente de un niño se le metió en el corazón y tomó una decisión: se lo robaría. Y así fue, la biblioteca nunca más volvió a tener esa edición de El Principito y la obra reposa ahora en el librero de Fernández. Cuenta que está tan bien cuidado como la primera vez que lo vio.
“No es un libro para niños, es un libro para los seres humanos, es un libro para aprender a vivir y para aprender a amar”, sostiene.
Una frase: “Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día cada uno pueda encontrar la suya”.
Aquí una lección de amor: “–Sabes... mi flor.. soy responsable. ¡Ella es tan débil! ¡Y tan ingenua! Piensa que con esas cuatro espinas insignificantes se protegerá contra el mundo...”
EL CUMPLEAÑOS
70 años después de ese 6 de abril de 1943, El Principito sigue en la lista de los más leídos en el planeta.
En México, un país donde cada ciudadano puja por lo mexicano, el clásico del aviador francés está en el top ten de los más vendidos. Lo dice un cable de la agencia EFE del pasado viernes 5 de abril: en el primer lugar: Nada, de Janne Telle; en segundo, Un beso en París, de Stephanie Perkins; y en tercero, El Principito de Antoine de Saint-Exupéry.
Y qué decir de Argentina, que de acuerdo con los números de las librerías, es uno de los libros más vendidos desde 1946. “En los últimos ocho años no hay una sola semana que no esté entre los 100 más vendidos”, le dijo el editor Alberto Díaz al portal de internet Terra.
“Se puede leer a cualquier edad”, recalca el embajador Hugues Goisbault.
Catalogado como el mejor trabajo literario de un autor francés en todo el siglo XX, casas editoriales que le dieron vida celebran por estos días sus siete décadas.
La francesa Gallimard publicará nuevas ediciones, pero curiosamente esta no fue la primera que tiró la obra. Fue la estadounidense Reynal & Hitchcock la que lo publicó por primera vez. Es que Saint-Exupéry la escribió en Nueva York, mientras estaba en un autoexilio de dos años. Buena ecuación: de la capital del mundo para el mundo.
Tres años después, Gallimard la reeditó en Francia. En 1999, época en que se hicieron famosas las listas con un recuento de los acontecimientos del siglo, Le Monde publicó un listado con los 100 libros del siglo, y Le Petit Prince fue ubicado en el cuarto puesto.
Otra frase: “Los hombres ya no tienen tiempo para conocer nada; compran las cosas ya hechas a los comerciantes; pero como no existe ningún comerciante de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres tener un amigo, ¡domestícame!”. Es parte del diálogo del zorro y El Principito. –“¡Domestícame... por favor!”, le dijo el animal. “Quisiera hacerlo –respondió El Principito–; pero no dispongo de tiempo. Además, quiero buscarme amigos y conocer muchas cosas”.
Un buen día el piloto es rescatado y volvió a su rutina pensando en su pequeño hombrecito. Pero antes de volver a su vida, les mandó un mensaje a todos lo que lean este artículo hoy domingo 7 de abril: “Si viajáis algún día por el África, en el desierto. Si pasáis por allí os pido: tened la gentileza de esperar; no os apuréis, aguardad unos instantes, exactamente debajo de la estrella. Si véis que un niño se os aproxima, ríe, tiene cabellos color oro, si no responde a vuestras preguntas, ya sabréis de quién se trata”.

