La familia de Foster

El cine de Jodie Foster analiza las caídas y las alegrías de la familia moderna. ´Mi otro yo´, su más reciente proyecto, sigue esa línea.

El Duque de la Rochefoucauld opinaba que “con la familia sucede como con las cosas bellas, que tienen más brillo cuando son imperfectas que cuando son acabadas”.

Es posible que Jodie Foster haya leído a este aristócrata francés, ya que las tres veces que se ha puesto detrás de la cámara, su eje temático ha sido los sinsabores que anidan dentro de esta institución que no siempre es tan sagrada y noble como proclaman por allí.

En El pequeño Tate (1991) se enfoca en un chico talentoso, pero sobreprotegido por su madre y su maestra, que debe sobrevivir en un mundo de adultos que poco comprende a los diferentes sobresalientes, en una clara referencia a la propia vida de Foster, que sin planearlo se volvió una estrella infantil de la actuación, un logro que poco le quitó el sueño cuando creció.

En A casa por vacaciones (1995), sobre la obligación de estar unidos durante la fiesta de Acción de Gracias, planteó que el calor del hogar no siempre es el resultado de los amores mutuos que deben darse entre hermanos, padres, tíos y abuelos, sino que ese calor puede ser producido por los dolores que se causan entre sí los integrantes de tanto clan disfuncional que abundan en toda sociedad.

En Mi otro yo (debieron traducirlo El castor por su título en inglés The Beaver) gira en torno a un hombre casado y con dos hijos a quien la depresión lo lleva a intentar suicidarse y a depender de una marioneta con forma de castor para poder respirar, caminar, crear y pensar.

Mi otro yo es un drama familiar que no se podría transmitir por un canal como Discovery Kids, ya que su trama evita lo convencional y su desenlace puede ser traumático para algunos.

Es de esas películas que adoras u odias por culpa del comportamiento de sus personajes, en especial por culpa de esa extraña lucidez que tiene ese hombre desorientado y atormentado que es encarnado de forma excelente por Mel Gibson.

Más allá de los desconsuelos y las desilusiones que nos producen esas personas que uno no escoge sino que toca por imposición, Jodie Foster se aferra en sus películas en defender, a pesar de todo, a la deteriorada institución, pues la familia será un núcleo desperfecto casi que por naturaleza en la actualidad, pero de acuerdo con la realizadora estadounidense en últimas sí puede colaborar a que uno sea más o menos feliz como le ocurre al clan de Mi otro yo.

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