El estadounidense Timothy Brown no canta ni es el protagonista de un éxito de taquilla en el cine. Sin embargo, durante la XIX Conferencia Internacional del Sida, que se celebró esta semana en Washington, D.C., se llevó un papel estelar por su especial condición: ser el primer ser humano en el mundo que ha sido curado del virus de inmunodeficiencia humana (VIH).
Brown, de 47 años, fue recibido con aplausos de periodistas que esperaban su arribo a la sala de prensa donde compartiría su testimonio de vida.
No deja de resultar paradójico que, en medio de una conferencia donde científicos expusieron avances en la búsqueda de mecanismos dirigidos a ponerle fin a la epidemia del sida, se cuente con un ejemplo de carne y hueso que da pistas de que la cura está cerca.
“Déjenme ser claro. Yo soy la prueba viviente de que puede haber una cura para la enfermedad”, dijo Brown, a la par que anunció la creación de una fundación que lleva su nombre, y que tendrá como propósito el desarrollo de una cura para la infección que ha cobrado la vida de unos 30 millones de personas; y para lograrlo, Brown se pondrá manos a la obra en conjunto con el Instituto Mundial de Sida.
Hoy la cantidad de virus en la sangre de Brown, mejor conocido como “el paciente de Berlín” por haber contraído la infección mientras vivía en esa ciudad en 1995, es imperceptible. Aunque tomó durante 11 años la terapia antirretroviral, la salud que actualmente goza se la debe a una segunda enfermedad que se le presentó en 2006: leucemia aguda.
Para tratar ese nuevo mal necesitó radioterapia y quimioterapia, además de un trasplante de células madre de médula ósea resistentes a la infección de VIH, porque carecían del receptor clave del virus (CCR5). Al año de ello, tuvo que recibir un segundo trasplante de ese donante tras haber tenido una recaída por la leucemia.
Desde aquella intervención volvió a nacer. Se siente complacido al saber que dos personas que viven con VIH han recibido un trasplante de células madre óseas, por lo que espera que ellos tengan su misma suerte. Desea pronto dejar de decir a los medios que es la única persona que ha vencido al sida. Confía en que en cinco años se cambiará el rumbo de esta epidemia.

