La fuente de la eterna juventud

El gran poeta nicaragüense Rubén Darío (1867-1916), entre la inmensa cantidad de rimas que escribió, nos dejó unas muy famosas que nos dicen: “Juventud divino tesoro, que te vas para no volver, cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer”.

Estos versos vienen a la memoria por aquellos que constantemente leemos por docenas.

Se dice que no se tiene más edad que la que se aparenta, que se tiene la edad de nuestro interior y etc., etc. Otros piensan que cada uno tiene la edad de sus ideas, y que como nos decía Coutaline, experimentado francés, más vale equivocarse en la juventud que no hacer nada durante ella.

Otros piensan morir muy jóvenes a una edad muy avanzada (varios, por cierto). Hay quienes nacen ya viejos y con canas en el alma.

En las áreas aledañas al río Orinoco se observaba un árbol conocido como palmera morinda y al cual los indios llamaban árbol de la vida. Creían que de ese árbol había renacido el género humano tras un gran diluvio.

También fue afamado como árbol de la inmortalidad el llamado pollo santo o guayacán. Los indios de Cuba iban en busca de un río que Juan Ponce de León oyó decir que llevaba aguas que rejuvenecían, y en busca de él salió con expediciones que han quedado en la historia de los descubrimientos geográficos, pero no en la historia del rejuvenecimiento.

Pedro Martín de Angleria (1439-1525), humanista italiano quien estuvo al servicio de la reina Isabel la Católica y quien había llegado a España en 1487, contribuyó a difundir la idea renacentista entre la nobleza. Residió y participó, desde entonces, desde la ciudad de Granada y fue también nombrado como cronista de Indias (en 1510). Bajo el nombre de epistolario, dio a conocer una extensa colección que publicó, a fin también de hacer conocer la historia de España desde 1488 hasta 1525.

Merced a su amistad con conquistadores y navegantes fue capaz de escribir Las décadas del orbe novo (Las décadas del mundo nuevo), considerada como su principal obra, en la que hace también un recuento de los descubrimientos de su tiempo.

Los indios cubanos iban en busca de un caudal de agua o río, pero no lograron su comprobación.

El ya mentado Pedro Angleria fue quizás el que popularizó la leyenda americana de la eterna juventud y, sobre todo, la de una isla llamada Boyan, alias Anamo, la cual tenía una fuente de cuya agua si se bebía se rejuvenecía a los viejos.

No existe duda de que el sueño de la eterna juventud no pasa de ser un sueño.

Maishe dice “que los viejos viven en el pasado, un joven en el futuro y los hombres modernos en el presente”.

Y se nos acabó el espacio, nuestra frase de hoy dice: “Bienaventurado el que tiene talento y dinero, porque empleará bien este último”. La dijo Marcuck Griego.

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