Los errores que cometen las personas cuando traen un cachorro a casa son frecuentes y similares en todas las familias.
La ternura que los perros pequeños generan hace que la humanización y la sobreprotección sean inevitables. De esta forma, sin darse cuenta y en pocos pasos, los perros aprenderán a adquirir hábitos que en un futuro cercano se convertirán en una conducta no deseada.
Para maleducar rápido a su perro, desde el primer momento que tenga al cachorro, llévelo en brazos. Es indudable que sentir las caricias y la protección de unos brazos seguros tranquilizan a los cachorros, pero tenga en cuenta que ellos no van a claudicar a sentir esta sensación, convirtiéndose en un hábito y, cuando deje de hacerlo, provocará en su perro un estado de ansiedad y reclamo con llantos agudos y ladridos. Si lo pone en el piso y llora, vuelva a alzarlo y háblele cariñosamente.
Los perros no poseen la facultad de discernir los límites de lo razonable, por lo que el mecanismo de su pedido será incesante, sobre todo si con su acción obtiene el premio deseado. Mientras su llanto siga siendo premiado, se tornará un círculo vicioso y se reforzará esta conducta aprendida.
Si su cachorro le gruñe cuando le quiere quitar un objeto de la boca o su plato de comida, sonría y festéjelo como una gracia. Los perros miden su poder en el núcleo social donde viven.
La pequeña y tierna bolita de pelo, que es el cachorro, en pocas semanas será el que tome el liderazgo, manejando la casa a su antojo con códigos que desde pequeño fue aprendiendo.
