Los cánidos son animales que en estado salvaje realizan múltiples actividades en pos de su supervivencia. Por ejemplo, la cacería de las presas que les servirán de alimento.
Cuando los perros se convierten en compañeros del hombre en la vida citadina reciben comida, techo, seguridad y no tienen que hacer ningún tipo de esfuerzo físico ni mental para protegerse o conseguir su sustento.
El mandato de la funcionalidad genética siempre está latente en cualquier tipología de perro, pero en el de raza definida, esta característica se evidencia mucho más. Es por eso que el retriever, como el labrador, transporta cualquier objeto que encuentre, el terrier hace pozos en los jardines o alfombras y el beagle ejerce todo el poderío vocal con ladridos, que en otro contexto utilizaría para avisar al cazador la presencia de un zorro.
Si los perros no pueden hacer actividades en las cuales puedan canalizar sus necesidades, se aburrirán y desarrollarán problemas de conducta, que van desde la abulia o desinterés hasta la destrucción de objetos, entre otros. Es fundamental jugar con nuestros perros. Además de fortalecer el vínculo, la comunicación y la confianza, despertaremos en ellos uno de los principales móviles y refuerzos positivos.
En la actualidad, los perros de seguridad, rastreo y detección, cuando desarrollan correctamente su labor, son premiados con actitudes y elementos de juego, que sin duda reciben como el tesoro más preciado. No basta con la ración diaria de alimento, la vuelta de rutina y una visita esporádica al veterinario. La salud mental de los perros con los que convivimos es también nuestra responsabilidad. Tómese el tiempo para jugar con su perro y podrá ver en él algo bastante parecido a la felicidad.
