Hay quien dice que los libros de historia, salvo excepciones de rigor, son aburridos en su forma. Sin duda, informativos son en su fondo, pero están contados de tal manera que no atraen a la mayoría de los lectores, que esperan más dinamismo, acción y situaciones dramáticas que lleven a aprender desde el entretenimiento, sin faltar a la rigurosidad, claro está.
Quizás porque el autor de la obra está más pendiente en complacer a sus colegas historiadores o porque piensa que hacerlo de una manera diferente es una falta de respeto con la materia estudiada.
A lo mejor por eso la novela histórica es más leída por el gran núcleo de consumidores a la lectura, que los títulos históricos con estructuras argumentales más tradicionales. El lector de la ficción histórica siente que le están echando un cuento que fue verdad, solo que usan las seductoras técnicas de la literatura para conquistarlo.
Ese es el atractivo de una novela como ´Altivez´, de Carlos H. Cuestas G., quien nos ofrece un episodio interesante ocurrido en la ciudad de David, y de paso nos divierte en el sentido positivo de la palabra, porque nos brinda datos que muchos de nosotros desconocemos, pues si el istmeño promedio no maneja al dedillo los ejes históricos centrales ocurridos en su país en general, mucho menos va a estar enterado de lo que ocurrió en el devenir de las provincias en lo particular.
Cuesta G. nos toma de la mano para darnos un paseo por un pasado que ocurrió a la vuelta de la esquina del calendario de la humanidad, en diciembre de 1845, y se extiende hasta el 4 de noviembre de 1903. Todo ocurre casi en la ciudad de David, más otros episodios en sitios como Dolega, Alanje, Búcaro y Santiago de Veraguas.
DEL AUTOR:
Carlos H. Cuestas G., que actualmente es el secretario general de la Corte Suprema de Justicia de Panamá, ya presentó un libro en el que combinaba la ficción con la historia en ´Hijos de la rebeldía´, sobre los sucesos ocurridos en la década de 1950 en el Cerro Tute, Veraguas.

