Peligrosos, pero coloridos. Revoltosos, pero económicos. Sucios, pero folclóricos. Un mal, pero necesario.
Nacidos hace 40 años, los “diablos rojos” han soportado todo. Lo bueno y lo malo. Y lo feo también.
Son sentimientos encontrados que pasarán a ser recuerdos cuando en unos días saquen de circulación los 700 “diablos rojos” que quedan en las calles. Y se despiden dejando su estela de mala reputación, pero convertidos en íconos pop locales.
Han sido protagonistas de canciones, postales, de muestras y proyectos de arte, se hacen documentales en su honor, y se han visto como parte de la decoración moderna en fiestas, eventos sociales y hasta en las vitrinas de la tienda Hermès como una pieza vintage.
También son objeto de culto en las redes sociales. En Facebook se pueden encontrar clubes con miles de seguidores: Los mejores buses son de Panamá, My name is diablos rojos, Historias del guetto bus o Diablos rojos 507 Crew. Allí se comparten fotos, videos, anécdotas.
IDENTIDAD
Algo especial tienen estos autobuses pintorreteados y con estruendosa música.
El año pasado, The New York Times dio un vistazo al tema. En el artículo “El fin de los diablos rojos”, planteó que, a medida que han ido desapareciendo de las calles, surgió un sentimiento inesperado: la nostalgia.
Es que al acompañar día a día a varias generaciones de panameños en las recientes décadas, se ganaron un lugar en la psique colectiva, explican los sociólogos Bolívar Franco y Milciades Pinzón. Se creó un elemento de identidad nacional que los turistas reconocían y admiraban, recalcan.
Muchos pasan cuatro o más horas en bus, es imposible no evocar cientos de recuerdos buenos y negativos (amores, amigos, la lucha diaria) sobre los “diablos rojos”, añade Franco.
Además, siempre es difícil dejar atrás una fase de la vida; es un fenómeno humano, los cambios y transiciones nunca son fáciles, y los “diablos rojos” representan una etapa que se va, acota Pinzón. “El ayer y la añoranza van de la mano”, dice.
Por eso, los “diablos rojos” se sienten tan panameños como el Canal interoceánico o el sancocho.
Todavía se ven por las calles con sus ribetes, pifias, luces y violento transitar.

