El Chapecoense venció el martes 2-1 al Atlético Nacional en la ida de la Recopa Sudamericana celebrada en esta localidad del sur de Brasil, volcada en agradecer al club colombiano su ayuda hace cuatro meses, cuando perdió a gran parte de su equipo en un accidente aéreo en el que murieron 71 personas.
Nada era normal en una final antes de la que los dos entrenadores tuvieron que esforzarse para recordarle al mundo que había un título en juego; continental e inédito para ambos, además. Pero hace mucho tiempo que nada de lo que le ocurre a un Chapecoense atrapado en una montaña rusa de emociones se acerca a lo común. No lo era que un equipo humilde y desconocido como el suyo se colara en la final de la Copa Sudamericana y, mucho menos, que su cuento de hadas acabara en una de las peores pesadillas de la historia del deporte. Por eso, parecía lógico que los 19 mil hinchas que llenaron un Arena Condá al que no se le había visto tan joven desde su vida anterior, no hubieran comprado su entrada pensando únicamente en la Recopa.

