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Tarde belga–panameña a las afueras del estadio de Sochi

Tarde belga–panameña a las afueras del estadio de Sochi
Tarde belga–panameña a las afueras del estadio de Sochi

Un año y unos cuantos meses atrás, Panamá y Bélgica celebraron una cumbre bilateral. Según las fotografías oficiales, los representantes de ambos países sostuvieron reuniones rebosantes de amabilidad y de buenas intenciones. Las imágenes dieron la sensación de que las dos naciones hacen buenas migas.

Tal amistad se confirmó ayer con la buena vibra de panameños y belgas antes del partido que abrió el grupo G del mundial de Rusia.

A las afueras del estadio Fisht, de la ciudad de Sochi, se toparon unos y otros, los “diablos” y los “panas”, y fue la fiesta de los niños y de los jóvenes, de las parejas y de solitarios e iniciados, más el público local, hasta casi llenar un aforo para 40 mil espectadores.

Panamá perdió 3–0 y eso, para el viajero, está de más. Haber cantado el himno nacional en el marco majestuoso de un estadio diseñado bajo el más puro estilo Fabergé —apellido del orfebre ruso creador de los finos huevos de pascua—, con su forma de concha, es quizá el recuerdo que va a premiar una travesía de 10 mil kilómetros desde casa.

Los belgas, experimentados en la fiesta de los mundiales, según lo indican las fotografías, se sintieron a sus anchas con sus nuevos amigos, sabidos en rumbas y carnavales. Panamá tiene dos juegos más por delante, dos fiestas más acá y en Rusia.

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