La llamada Era de los Esteroides no ha terminado ni por asomo. Y algunos de sus efectos secundarios comienzan a manifestarse, al saturar la papeleta para elegir a nuevos miembros del Salón de la Fama y transformar al viejo, pequeño y pintoresco Cooperstown en el mayor campo de batalla del béisbol.
Abundan ahora las contradicciones en torno del recinto ubicado en un pueblito que se autodenomina ´el más perfecto de Estados Unidos´. ¿Y saben algo? Hay que aceptarlo.
Esto es una secuela del consumo de drogas para mejorar el rendimiento de los peloteros.
Hay consecuencias, caóticas y bochornosas para el béisbol. Y son además merecidas.
De este modo, Greg Maddux, Tom Glavine y Frank Thomas fueron elegidos el miércoles nuevos miembros, mientras que Craig Biggio se quedó cerca y Jack Morris fue ignorado en su última aparición en la papeleta entregada a los votantes de la Asociación de Cronistas de Estados Unidos.
Los electores se mostraron divididos respecto de los toleteros Mike Piazza y Jeff Bagwell. Barry Bonds y Roger Clemens se quedaron muy lejos.
En realidad, estos debates intensos e interminables surgieron hace décadas. No hay forma de que una elección de integrantes del Salón de la Fama pueda transcurrir en forma tersa, aunque no hubiera en el entorno una sospecha de trampa por parte de algunos peloteros.___
De hecho, la integridad del Salón de la Fama, y la del propio deporte, se comprometieron en el momento en que los jugadores comenzaron a doparse y nadie hizo algo para impedirlo.
Votantes han apuntado la culpabilidad a quienes consumieron las drogas y se enriquecieron. Culpan a quienes no las tomaron, pero guardaron silencio tanto tiempo. Culpan a los comisionados o dueños que miraron hacia otro lado mientras el dinero seguía fluyendo.
