De niños, todos solemos practicar uno o más deportes. En el caso de Susana Boyd, encontró su pasión en las artes marciales, específicamente en el taekwondo.
Susana Boyd tenía apenas seis años cuando dio sus primeros pasos en esa disciplina. Llegó de la mano de su padre al Instituto Panameño de Taekwondo, en el que aprendió sus primeras técnicas de la Kwan Jang Nim’ Luisa Espósito.
“Mi papá me llevó para probar y la verdad fue algo que me encantó. Desde entonces, no me he detenido”, contó Boyd a La Prensa.
Con el paso de los años, fue aprendiendo y mejorando sus técnicas hasta llegar a ser cinturón negro.
Obviamente, combinaba el deporte con sus estudios y al momento de ingresar a la universidad tuvo que hacer ajustes para seguir practicando.
“Hablé con mi maestra para cambiar a una academia de Varo Barragán en Los Ángeles, Betania, que me quedaba más cerca de la universidad”, explicó Boyd, de 32 años, quien también es arquitecta.
De hecho, Barragán fue quien le recomendó que aparte de practicar la disciplina, también ingresara al arbitraje.
Ella tomó el consejo y desde allí empezó una carrera que ahora la llevará hasta Tokio como una de las 15 mujeres que actuarán de árbitras en taekwondo.
“Para ser honesta, cuando comencé el encanto no era competir, sino que más bien me gustaba la parte marcial. Ya cuando fui siendo adulta y me certifiqué como árbitra, mi visión era que quería llegar a las olimpiadas. Fue un sueño que se creó cuando exploré otra rama de la disciplina”, reconoció.

Un largo camino
Boyd reconoce que haber sido elegida para trabajar como árbitra en Tokio no fue fácil, pues tuvo que demostrar su calidad y conocimientos en varios eventos de alto perfil del ciclo olímpico durante los últimos cinco años.
En 2019, viajó a México para participar en un campamento preselectivo, en el que se definió el Top-50 de árbitros a nivel mundial.
Después, tuvo que asistir al Mundial en Manchester; eventos Grand Prix en Bulgaria, Italia, Japón; así como al Grand Slam que se efectuó en China. Todos en 2019, antes de la pandemia.
“Hice alrededor de 20 viajes en 2019. Durante esos eventos, la federación mundial va evaluándote como árbitro y ya después fui a los selectivos continentales. En mi caso, al de África y Asia este año. Luego, el 1 de junio, me llegó la carta de que había sido seleccionada en el Top 30 de los árbitros que irán a las olimpiadas”, manifestó con mucho orgullo.
Previamente, también había brindado sus servicios de árbitra en las Olimpiadas Juveniles de Nanjing (China), en el año 2014; en el Mundial de Taekwondo de 2015 llevado a efecto en Rusia; y en los Juegos Centroamericanos de Nicaragua en 2017.

Las claves del éxito
Para Susana Boyd, las claves para ser un buen árbitro son tener la mente clara y buscar que el que gane sea el mejor competidor.
“Hay que ser objetivos en lo que pasa, tener mucha calma, concentración, poder ver los detalles, pues ser árbitro de taekwondo va más allá de ver patadas y puños o giros”, explicó.
“Hay un montón de reglas mínimas que para algunos pueden parecer bobas, pero que pueden cambiar significativamente un resultado”, detalló.
Consultada sobre hasta cuándo espera desempeñarse como árbitra, Boyd no tuvo reparos en responder.
“Hasta que el cuerpo me lo permita”, sentenció.
Además, también dijo que el respaldo que le brinda Boris Harley, con quien está casada desde hace cinco años, ha sido fundamental para llegar hasta donde está.
“Conocí a mi esposo practicando taekwondo. Tenemos ya cinco años de casados y él ha estado conmigo en todo este trayecto”, puntualizó.
Asimismo, agradeció a todos aquellos estudiantes adultos que tiene en su proyecto, la Escuela Taekwondo Jitae.
A Boyd también se le consultó sobre cómo veía el futuro del taekwondo en Panamá y su respuesta fue clara: “Siendo objetiva, el taekwondo aquí en Panamá está un poco dividido, pero pienso que hay ganas de unirse, trabajar en conjunto y crecer”, dijo.
“Hay grandes atletas en formación y la verdad es que existe el talento y sería bueno tener más apoyo para que surja el deporte”, concluyó.

