PENAL Y GOL ES GOL

El primer Mundial del hincha

Consumada la clasificación, celebrada la historia, soportada la resaca, hay un aspecto de ir al Mundial que me llena de sobremanera: ver ondear en los carros de la ciudad la bandera panameña y no la de cuatro o cinco países distintos (por auto).

Ojo, aclaro con esto que no estoy poniéndome en el plan ‘patriótico por demás’ del diputado Javier Ortega, cuando quiso vetar cuanta bandera extranjera colgase de la ciudad.

Está claro que esta situación de índole “Naciones Unidas” respondía a la imposibilidad de ver a Panamá en una Copa del Mundo. ¿A qué hincha, sobre todo en un Mundial, no le gusta apostar por uno u otro equipo? Es la naturaleza del deporte. Ni qué hablar en el fútbol.

Me emociona pensar en calles, restaurantes, tiendas y bares colmados de banderas panameñas; en extranjeras y extranjeros poniéndose la camiseta de Panamá y ya no al revés; en el silencio multitudinario que precederá al coro multitudinario al inicio del primer partido de la fase de grupos, y en la mano derecha apoyada en el pectoral izquierdo: “Alcanzamos por fin la victoria...”.

Las familias, los fanáticos, los jugadores panameños tuvieron que esperar 11 eliminatorias, 94 partidos oficiales (¡8 mil 460 minutos - 141 horas!), para clasificar al primer Mundial en su historia. Hay un dato que no es menor y por el que cualquier hincha debería sentirse orgullo: la primera clasificación de la Sele llegó sin repechaje.

Por más que sea el primer Mundial, está bien exigir victorias, pero más importante será jugar bien. Ser uno de los 32 ya es un triunfo en sí.

Rusia y sus 12 mil kilómetros de lejanía nunca estuvieron tan cerca.

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