Tras años de lesiones, desgracias y decisiones erróneas que marcaron a fuego su destino, los Portland Trail Blazers parecen decididos a espantar a los fantasmas y ser la revelación de la NBA.
En poco más de un mes, los Blazers han firmado el segundo mejor inicio en la historia de la franquicia, lideran la Conferencia Oeste y han sumado casi la mitad de triunfos que en toda la temporada pasada. Números que combaten la maldición que persigue al equipo.
El más reciente de sus triunfos por 111-104 ante Oklahoma City Thunder, uno de los candidatos al título, supone que los Blazers sumen un balance de 16-3, el mejor del Oeste, el segundo mejor de la historia del equipo (18-1 en 1990-91) y el segundo de la NBA por detrás de Indiana Pacers (17-2), a los que derrotaron hace pocos días.
Además, Portland ha ganado 14 de los últimos 15 duelos y 11 consecutivos.
Pero ningún dato revela tanto la euforia como los cánticos de “¡MVP, MVP!” (más valioso), con los que los hinchas agasajaron a LaMarcus Aldridge el miércoles en el tercer cuarto ante los Thunder, en el que la estrella del equipo, un pívot con pies de base y muñeca de lanzador, anotó 16 puntos para un total de 38, a lo que sumó 13 rebotes y 5 asistencias.
“No tengo palabras. Obviamente sabemos que puede anotar, pero me gustó también su dureza, su liderazgo, su fuego competitivo. Hay muchos intangibles”, lo alabó su técnico, Terry Stotts.
Sobre las fornidas espaldas del dos veces All-Star descansan las aspiraciones de unos Blazers que de momento se han hecho un hueco en el competitivo Oeste con escasa aportación del español Víctor Claver.
¿Qué ha cambiado respecto al equipo que el año pasado sumó sólo 33 triunfos?
En cuanto a otros jugadores, llegó el pívot Robin López, un buen complemento interior para Aldridge, que comparte la tarea anotadora con el francés Nicolas Batum y con el base Damian Lillard, mejor novato la temporada pasada.
Si es cierto que un buen equipo se cimenta en un base y un pívot, Portland los tiene con Lillard y Aldridge, los hombres encargados de acabar con la maldición que parece perseguir a Portland, más conocido por sus desatinos y desgracias históricas.

