Desde que el negocio de los casinos fue privatizado en 1997, la fiebre por las apuestas en las mesas de blackjack, las ruletas y las máquinas tragamonedas no ha frenado. Las salas de juegos de azar continúan expandiéndose de las zonas exclusivas a las áreas populares, y los apostadores en el país parecen no tener un tope en sus presupuestos para el ocio.
La nueva administración de la Junta de Control de Juegos (JCJ) ha dicho que no tiene planes de ponerle tope a la actividad.
‘BLACKJACK’. En Panamá operan 16 casinos completos y 25 salas de máquinas tragamonedas. Sin embargo, la Junta de Control de Juegos sigue recibiendo y aprobando nuevas solicitudes. LA PRENSA/Edua
Las cifras del negocio son sorprendentes. De acuerdo con los informes de la JCJ, las apuestas en casinos completos y salas de máquinas tragamonedas tipo A alcanzaron los 6 mil 564 millones de dólares entre los años 2000 y 2010.
En este periodo las apuestas crecieron año tras año sin que los tiempos de crisis económica tuvieran efectos. Desde el año 2008 la cifra de las apuestas en casinos pasaron la barrera de los mil millones, mientras que otras actividades de azar como las apuestas hípicas y la lotería luchan por frenar su caída.
El negocio parece ser redondo. Las ganancias brutas de los casinos en los últimos 10 años superan los mil 644 millones de dólares.
Este monto se reparte entre seis compañías que tienen concesión con el Estado, pero casi un 90% está concentrado entre dos empresas. Se trata de Codere, de España, que tiene cinco casinos bajo la marca Crown Casinos, y otros seis casinos bajo la marca Fiesta Casino.
Estas últimas salas fueron adquiridas a la empresa International Thunderbird luego que enfrentara problemas financieros.
Mientras que el negocio de las salas de máquinas tragamonedas está controlado casi al 100% por la empresa Gaming & Services de Panamá, filial del también grupo español Cirsa.


