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VALOR RAZONABLE

Corrupción: ¿Qué podemos hacer?

Como ha señalado José Antonio Fernández Ajenjo en su escrito titulado Corrupción: “El saber popular ha construido una sentencia que, a modo de infalible regla de tres, se presenta como indubitada: no puede haber políticos corruptos sin ciudadanos corruptos. La consecuencia práctica es que, para algunos empresarios [énfasis nuestro en algunos] no es tan extraño plantearse prácticas colusorias con las autoridades políticas, ejemplo que salta a la vista por las obras en materia de contratación y urbanismo”.

Ante esto, ¿qué necesitamos? “Cuentan que el filósofo Diógenes (421 a 323 a.C), que se burlaba y despreciaba con gracia de los políticos petulantes y engreídos, un día salió por las calles de Atenas con una lamparita, a pleno rayo del sol, en busca de “un hombre honesto”. Así se mofaba de toda la sociedad, pero especialmente de los gobernantes atenienses.

No registra la historia que Diógenes haya tenido éxito en su propósito, pero desde entonces ha puesto a pensar por siglos a la humanidad, en la necesidad de que la sociedad alcance el “areté”. Es muy complicado gobernar, un país o una sociedad, sin un método para ello.

Los filósofos de la escuela cínica lo encontraron en el concepto de “areté”, o exce lencia cívica, moral e intelectual de los individuos que la conforman.

Si estos, y especialmente quienes gobiernan, se apartan de esta condición, concluyeron, la comunidad se irá deteriorando y decayendo.” (Fuente: La Lámpara de Diógenes, de Carlos Arce Macías).

No cabe duda de que es imprescindible en Panamá, en su sector privado y público el concepto de “areté”, o excelencia cívica, moral e intelectual de los individuos que conforman la sociedad panameña.

Para lograrlo podemos tener en cuenta las reflexiones de Frank Sonnenberg en su escrito “Ethics as usual.” Este autor señala, con mucho acierto a mi juicio, que en la actualidad hay una falta de claridad ética. Mostramos una inhabilidad de mantener estándares rigurosos de lo que está bien y lo que está mal. Esto no solo se genera confusión, sino que erosiona la confianza, daña las relaciones, destruye el liderazgo y debilita la fibra de nuestra sociedad.

Algunas de las reflexiones de Sonnenberg que podemos tomar en cuenta para mejorar son:• ¿Haga como yo digo? Se crean reglas, y los que las crean las ignoran.• ¿A quién aplican las reglas? Si no es a todos, enviamos señales equivocadas.• La meta sigue moviéndose. Las conductas que son inapropiadas un día se vuelven apropiadas al otro día.• Lo importante no es que no lo atrapen, o que no se sepa que lo atraparon.• Usted es parte del problema o parte de la solución. No hay neutralidad.• Debe mostrarse el repudio y el enojo.• Dejemos de mirar para otro lado. Cada persona puede hacer la diferencia.

• Los líderes deben empezar a liderar.

No se pueden defender acciones antiéticas, mirar para otro lado o hacer como que nada pasó. De ser así, se envía el mensaje de que los estándares de ética no son prioridad.

El autor es abogado. 


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